Thomas Shannon, el "dealbreaker" en Honduras

31 Oct

La noticia caminó por todo el mundo ayer: La crisis de Honduras ha llegado a su fin, con la firma de un acuerdo entre el presidente de facto, Roberto Micheletti, y el presidente depuesto, Manuel Zelaya, para que sea el Congreso de Honduras el que decida el retorno del presidente Zelaya. Lo que han ocultado parcialmente las noticias, es que el verdadero ganador de esta crisis, y duele decirlo, ha sido reconfirmar el poder y la influencia de Estados Unidos de América en este conflicto, revelando la incapacidad de la Organización de Estados Americanos (OEA) en haber buscado una solución, según las reglas que norman la Carta Democrática.

Desde esta isla del Caribe, que tenemos la experiencia de haber sufrido dos intervenciones norteamericanas, particularmente la última en 1965, tenemos suficiente calidad para lamentar cómo se ha solucionado esta crisis, aún cuando nos alegramos de que se retome el camino de la democracia en Honduras. Ante el fracaso de la OEA, fue la misión que presidió Thomas Shannon, Sub Secretario de Estado de Estados Unidos de América para Asuntos del Hemisferio Occidental, la que logró el acuerdo.

Shannon fue el dealbreaker. Y a diferencia de cómo era en los sesenta, lo hizo con mucha elegancia, al expresar:

“Quiero subrayar que la ayuda internacional creó un contexto, pero el trabajo fue un trabajo hondureño y yo quiero demostrar mi admiración por la vocación democrática de este pueblo. Quiero garantizar que Estados Unidos acompañará a Honduras en sus elecciones del 29 de noviembre”.

¿Cómo es el proceso para que el gobierno americano tome una decisión de esta magnitud? Hay muchos ejemplos, pero les invito a que vean la película Thirteen days, sobre la crisis de los misiles cubanos en 1962. Así mismo, y claro guardando las distancias, es que se toman las decisiones. Largas reuniones en el “Situation Room” de la Casa Blanca, entre el Departamento de Estado, el Departamento de Defensa y el Asesor de Seguridad Nacional del Presidente de Estados Unidos, en consultas con los organismos de inteligencia. Y al final, la decisión termina en el escritorio de la Sala Oval.

Volviendo al caso hondureño, oportuno es resaltar que el acuerdo demuestra la volatilidad de la clase política de ese país. El mismo Congreso que derrocó, a casi unanimidad, a Manuel Zelaya, es el mismo que decidirá su reposición. Claro, hay que reconocer que ante la incapacidad de la comunidad internacional, y ante el agotamiento de las negociaciones, no quedó más remedio que esta acción de la diplomacia norteamericana. Lo triste es que la solución le quita mucha fuerza moral al interés latinoamericano de tener una política distinta ante Estados Unidos de América, de menos dependencia.

Lo importante es que Honduras, habiendo aprendido estas lecciones, retome el camino de la democracia y del progreso, y que obviamente celebre elecciones libres el 29 de noviembre.

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