Zapatero, la despedida

29 Jun

Ayer fue el último debate sobre el estado de la nación en el que ha participado el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, quien, como se sabe, no se repostulará a un nuevo período. De ahí, lo simbólico del ejercicio democrático escenificado ayer en el Congreso de los Diputados, al margen del contenido de fondo de su sexta comparecencia en los dos períodos que lleva al frente del gobierno español.

La experiencia de ayer debe haber tenido sentimientos mixtos para Zapatero. Por esa extraña anatomía del poder, la atención, poco a poco, se va centrando a otros líderes, ya sea a los de la oposición, o a los de su propio partido.  Es un proceso que hace madurar al político, que lo mantiene con los pies en la tierra. En los momentos de euforia, sobre todo luego de las victorias electorales, y durante el período de la llamada “luna de miel”, se crea la burbuja de superioridad y de perpetuidad, que solo cuando se viven experiencias como las que está viviendo Zapatero, se comprende la transitoriedad del poder. Todo lo que sube, baja, tarde o temprano.

A partir de ayer, Zapatero entra al mundo de los lame-duck. Seguirá siendo una fígura de primer orden hasta que termine su mandato. Presidirá las actividades gubernamentales y oficiales. Recibirá visitas de Jefes de Estado y de Gobierno. Continuará haciendo visitas oficiales a otras naciones. Pero, con un término: hasta la celebración de las elecciones generales, y hasta la entrega del poder a su sucesor.  En ese trayecto, conocerá sobre las lealtades y las deslealtades. Si lo sabe afrontar, madurará, y hará una transición efectiva para convertirse en ex-presidente.

Haber visto a sus padres en el ejercicio democrático de ayer, y a su esposa, quienes eran sus invitados especiales, es un detalle que evidencia no solo la solidaridad que necesita ante la soledad del poder, sino también el valor esencial de la familia. Al final del día, quienes estarán siempre con él, en las buenas y en las malas, es su familia.  Zapatero cerrará capítulos brillantes de su vida política, y abrirá otros. Lo veremos, pronto, en la arena.

 

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