Argentina, plebiscito sobre Cristina

22 Oct

Mañana serán las elecciones presidenciales en Argentina. Todos los sondeos de opinión indican que será una victoria contundente para la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien ganará su repostulación. Será un logro personal para ella, por cuanto lo habrá hecho,  en ausencia de su esposo, Néstor Kirchner, fallecido el año pasado. Es, también, un triunfo para el peronismo, que acude dividido en tres facciones a este proceso. Fernández obtendrá una victoria contundente, y se convertirá en una presidente con mucho poder y con legitimidad, tal como expresa Beatríz Sarlo en este artículo en El País:

Al ganar estas elecciones la presidenta reafirma una legitimidad de origen. La va a votar más del 50% del padrón. La adoran los sectores más empobrecidos (que subsisten gracias a los planes sociales pero que están casi definitivamente excluidos del trabajo y de los sueños de ascenso). La respetan sectores medios, porque les parece decidida y llena de coraje; y piensan esto mientras enarbolan sus bolsas de compras y sacuden sus tarjetas de crédito. Tiene un grupo creciente de capitalistas amigos, entre ellos los grandes empresarios mineros, que son acusados de depredadores, no pagan casi impuestos y reciben una silenciosabendición presidencial.

En efecto, la presidenta Fernández ha ido, poco a poco, tragándose a la oposición, la cual deberá evaluar sus próximos pasos hacia su recomposición y renovación, luego de los resultados de mañana. Sarlo describe genialmente cómo opera la presidenta Fernández:

El centralismo es la forma en que este dispositivo se ha implantado. La tradición peronista fue centralista desde sus comienzos en la década de 1940. El líder ocupa un vértice a partir del cual se ordena todo: el partido de Gobierno, las bancadas parlamentarias, los ministros y funcionarios. Néstor Kirchner jamás hizo una reunión de gabinete ministerial. Cristina Fernández, tampoco. Son una instancia innecesaria, tanto como es innecesario el partido. Todo fuga hacia el vértice y desde el vértice descienden todas las decisiones. Esto pulveriza cualquier conato de reflexión horizontal, dentro de un partido congelado en la obediencia y un Gobierno cuyos funcionarios responden, sin relevos, a la presidencia. La verticalidad del justicialismo kirchnerista es un ideal de funcionamiento. Por eso, la presidenta no dialoga con la oposición ni con la prensa. Sencillamente, imparte clases magistrales por cadena nacional.

Mañana, se escribe un nuevo capítulo en la historia de Argentina. Por un lado, hay una historia de éxito político, y también, económico. Por otro lado, la democracia necesitará mas democracia, más equidad y más transparencia. Continuaré dando seguimiento a este tema.

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