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Se lo debo a mi madre

24 Ene

Hoy se conmemora el 30 aniversario de la computadora Macintosh, de Apple. Lo he comentado en otras oportunidades, pero hoy debo reiterarlo: Le agradezco a mi madre el que en 1984 me comprara mi primera computadora Macintosh. El tiempo vuela, pero tengo 30 años ininterrumpidos como usuario de Apple.  Se lo agradezco y se lo debo a mi madre.

La foto: Antonio, Ivelisse, Peña, Jacobo y mis padres

8 Jul

Mi padre, junto a Antonio, Ivelisse, Peña, Jacobo y mi madre.

 

El pasado 5 de julio se conmemoraron dos fechas muy significativas para mí, difícil de desglosarlas porque están íntimamente vinculadas, aunque separadas en el tiempo. Celebramos el 51 aniversario de la llegada a la República Dominicana, del Partido Revolucionario Dominicano, el 5 de julio de 1961, cuando la Comisión, integrada por Angel Miolán, Nicolás Silfa y Ramón Castillo, pisó suelo dominicano y se inició el camino de la democracia, que con altas y bajas, vivimos hoy por estas latitudes.  Por otra parte, ese día, el 5 de julio es el natalicio de mi padre, Salvador Jorge Blanco, quien nació el 5 de julio de 1926. Si hubiese estado entre nosotros, habría cumplido 86 años de edad. En honor a esa fecha, y a ambos significados, comparto esta foto, tomada en 1980, en la entonces Casa Nacional del PRD, ubicada en Gazcue, Santo Domingo, en las que se observan al entonces presidente Antonio Guzmán, Ivelisse Prats, mi padre, José Francisco Peña Gómez, el entonces vicepresidente Jacobo Majluta y mi madre, Asela Mera de Jorge. Otros tiempos, otras épocas. ¡Que extraordinario legado nos dejaron!

Entre primeras damas

23 May

Michelle Obama y Valerie Trierweiler

 

La noticia de que la Casa Blanca legalizó la unión Hollande-Trierweiler llamó mi atención. Como sabemos, el presidente de Francia, François Hollande, estuvo de visita oficial en la Casa Blanca, y lógicamente, estuvo acompañado de su pareja, Valerie Trierweiler, pero, al no estar casados, representaba un conflicto protocolar para la casa anfitriona, de si debía tratar o no a la señora Trierweiler como primera dama de Francia.  En realidad, no existe regla escrita en el protocolo para estos casos, por lo que la decisión fue la correcta y la sensata: “La señora Trierweiler fue invitada a participar en todos los programas de los cónyuges de los líderes, tanto en Chicago [en la cumbre de la OTAN] como en la Cumbre del G-8. Nos complace recibirla en Estados Unidos. No hay ninguna regla escrita sobre cómo se manejan estos temas”.

Por suerte, no pasa como en Egipto, en donde hoy se celebran elecciones presidenciales, pero ninguna de las esposas de los candidatos quiere ser primera dama. Lo inverso ocurre en Alemania, donde Joachim Sauer, es el esposo de Angela Merkel, con el título de cónyuge masculino o de hombre invisible.

Felizmente, por estas latitudes, hemos tenido magníficas primeras damas, como Rosa, Renée y Asela. Nos honran.

 

 

1970, el nacimiento de Dilia Leticia

31 Dic


El nacimiento de mi hermana, Dilia Leticia, fue una historia de amor y de ternura, que mi padre, Salvador Jorge Blanco, vivió junto a mi madre, Asela Mera de Jorge. Él lo relata, al detalle, en el texto que transcribiré, y que lo hago, como último apunte del año, en honor a la memoria de mis padres, que están juntos en mejor vida. Oportunamente, continuaré narrando vivencias, historias y lecciones de dos vidas ejemplares, y que siempre estarán en mi memoria. Comparto con ustedes este texto:

RELATO

Por: Salvador Jorge Blanco.

Él estaba percibiendo fuertes palpitaciones del vientre sobre una de sus piernas, de tal manera que se ha despertado a las dos de la madrugada del 21 de diciembre quedándose despierto para apreciar mejor esa percepción y no atribuirla al sueño. Respira profundamente tratando de sentir el olor a fresa característico en el diabético cuando el azúcar ja subido más allá de su nivel en el cuerpo humano y al mismo tiempo intenta atisbar convulsiones propias del descenso del azúcar en el cuerpo. La despierta indicándole que le tomaría el pulso y comprueba cien pulsaciones por minuto. Esto indica que el corazón está caminando más de pronto que lo normal, siendo lo único cuya ignorancia médica le permite concluir. Toma el Pinard (pequeño estetoscopio inventando por un científico francés) para oír los latidos de la criatura en el vientre y cuenta en un minuto ciento cuarenta pulsaciones. Esta operación la ha venido realizando durante los últimos meses hasta tres veces al día, habiendo sido entrenado para esto. Este pequeñito corazón si parece que está normal, por lo que se tranquilizan y deciden no llamar a los médicos, sino esperar que la aurora anuncie la mañana.

Se dispone a dormir pero no concilia el sueño, pues grandes interrogantes intensifican su insomnio. ¿Qué estará pasando? Retrospectivamente su recuerdo vuela hacia aquella Babel gigante verdadera selva humana en esta civilización. En dos oportunidades los galenos del Hospital Mount Sinai han fracasado. La naturaleza los ha vencido y también el fatalismo que el vulgo atribuye al azúcar en el cuerpo humano y las grandes dificultades en la gestación de una joven que intenta romper las barreras de la maternidad. Pero, hay una esperanza que también obliga a desechar los malos recuerdos que solamente acuden a la mente del hombre en la medida de realizar una superación, porque nadie recuerda con el propósito de volver a sucumbir en un momento angustioso de la existencia. Piensa en el fruto de cuatro años que rompió esa creencia y que permitió a un grupo de galenos de Santiago de los Caballeros hacer lo que en el Hospital Mount Sinai no fue posible. El buen precedente es una esperanza en esa angustia que lentamente acompaña el transcurso del tiempo; pero lo malos precedentes son también sentencias en el devenir del hombre y pesan con fuerza inaudita. Mentalmente realiza un balance de la gestación. En conjunto buena, sin embargo, en el segundo mes del embarazo el vientre se vació, reduciendo su tamaño a los límites del embrión muerto.

A las siete de la mañana repite la operación de tomar el pulso. Los latidos maternales del corazón se mantienen en cien pulsaciones. Procede nuevamente a oír los látidos de la criatura que son normales. Es una sensación agradable porque es un tic-tac parecido a un pequeño motorcito que marcha rítmicamente a velocidad de ciento cuarenta pulsaciones por minuto.

Llama a los médicos. El obstetra adelanta una cita considerando que la cesárea no puede esperar. A las once de la mañana su sangre es extraída para una reserva en caso de emergencia, pues coincidencialmente los progenitores pertenecen al mismo grupo sanguíneo.

Es la una de la tarde de día veintiuno de diciembre. Han transcurrido unas doce horas cuando un grito rompe las paredes cercanas de la sala de operaciones. Un embozado sale a dar la buena nueva. Es una hembra que pese a los siete meses luce viable, después de doce horas muy importantes en la vida intrauterina de esa mujer.

Feliz año nuevo.

1981, la foto de navidad

24 Dic


Esta fue la foto de familia que como candidato presidencial del Partido Revolucionario Dominicano, Salvador Jorge Blanco, mi padre distribuyó en la navidad de 1981 en miles de postales en todo el territorio nacional. Han transcurrido 29 años desde que nos tomamos esa foto, y todavía cuando visito hogares en nuestro querido país hay dominicanas y dominicanos que la conservan como recuerdo. Esa foto fue tomada en el patio de la casa, en la terraza. El verde de la enredadera con sus flores blancas y el color negro de la puerta de hierro son inconfundibles. Mi padre con su tradicional traje de mil rayas y su sonrisa característica, mi madre muy elegante como siempre, mi hermana Dilia, entrando a la adolescencia y yo iniciando la secundaria.

Mi familia es la sencillez hecha palabra. He estado, desde entonces, en muchas campañas y he visto muchas fotos similares, pero puedo decir con orgullo que esa fue la primera foto de familia en una campaña electoral. Recordar que para esa época, el presidente Balaguer nunca tuvo familia conocida, y la familia del presidente Antonio Guzmán estaba integrada por hijos adultos. Es decir, esta foto colocó a la familia en el centro de la política. Hay un antes y un después a partir de esta foto.

Esta es mi primera navidad en condiciones excepcionales. Mi madre no estará con nosotros, como ha sido en los últimos tres años. Mi padre cumple hoy 35 días en estado de coma, luchando por vivir. Hoy estaré a su lado, escuchando música clásica, leyendole algunas páginas de la última novela que estaba leyendo el día antes de su caída, contándole sobre las actividades de la familia, hablándole de los proyectos del próximo año, y lógicamente, resultará inevitable traer a la memoria los recuerdos de su vida. Feliz navidad.

1978, Colegio Las Américas

16 Dic

Ese fue el último año en el que Dilia y yo atendimos al Colegio Las Américas, en Santiago, República Dominicana. Yo concluí la primaria, y si la memoria no me falla, creo que Dilia estuvo hasta segundo grado de primaria. La razón de nuestra abrupta terminación fue el hecho de que mi padre resultó electo Senador por Santo Domingo, Distrito Nacional, Capital de la República, y tuvimos que mudarnos, a iniciar una nueva vida en la capital.

Nuestra casa en Santiago quedaba en la Ave. Estrella Sadhalá, en donde está una importante agencia de venta de vehículos, casi llegando a la rotunda de la Ave. Bartolomé Colón. El colegio quedaba en la Ave. Juan Pablo Duarte, casi al lado de Codetel. Desde mi casa, era unos 10 minutos en carro, y unos 30 minutos caminando. Cuando mis padres no nos podían llevar, nos íbamos con el jardinero, a veces caminando, y otras veces, íbamos montados en burro. Dilia y yo lo disfrutábamos. Era parte de la aventura.

Mi madre siempre atenta, daba instrucciones precisas sobre nuestra merienda, que era muy particular. Nos ponía jugo de naranja, casabe tostado, queso y huevos hervidos, pues ese era el desayuno de mis padres, y como niños al fin, queríamos lo mismo que ellos desayunaban.

El Colegio Las Américas había sido fundado en 1966 (el mismo año de mi nacimiento) por Orestes e Igna Martínez, educadores cubanos que se establecieron en Santiago. Fueron parte del exilio cubano que se radicó en Miami, a la llegada del régimen castrista en Cuba. Era un colegio al que asistían los hijos de la clase media. De Las Américas, han salido excelentes profesionales en distintos quehaceres, y personas que son reconocidas por su trayectoria moral y familiar. A Las Américas, se le unía una excelente oferta educacional en Santiago, que incluía el Colegio La Salle, el Instituto Iberia, y el Evangélico.

Las Américas cerró sus puertas a principios de los noventa. Tengo muy gratos recuerdos de Orestes e Igna Martínez, ambos fallecidos, así como de los profesores de la primaria, y lógicamente de mis compañeros de primaria, con quienes me he encontrado ya en el ejercicio de la actividad política y profesional. Los ex-alumnos tienen un grupo en facebook para mantener ese vínculo, lo cual es una excelente iniciativa.

Aún cuando hice mi secundaria en el Colegio Loyola en Santo Domingo, mis padres siempre mantuvieron relaciones con Orestes e Igna. En la foto que comparto con ustedes, están Igna y mis padres, en una visita que le hicieron a ella en su casa en Santiago, antes del fallecimiento de Orestes. Igna, siempre fue una maestra, y le guardo a ella profundo respeto y admiración.

Hoy mi padre cumple 27 días en estado de coma, luchando por vivir. Dilia y yo estamos agradecidos de la educación que tanto mi madre como él nos dieron, y nos permitieron recibir, como mucho esfuerzo y sacrificio.

1981, las sonrisas

14 Dic



Esta foto la llevo siempre en mi memoria. Corresponde a la época en que mi padre, Salvador Jorge Blanco, estaba llegando a la cúspide de su popularidad, poco antes de ganar la Candidatura Presidencial por el Partido Revolucionario Dominicano. La foto fue tomada durante la reconocida tertulia que hacía el periódico Nuevo Diario, y que fue la portada de su edición del viernes 13 de noviembre de 1981.

La contemplo y veo sus rostros, llenos de alegría y de esperanza. Era un momento cumbre. Él sabía la responsabilidad que estaba a punto de caer sobre sus hombros. Ella, mi madre, era su cómplice, su apoyo, su asistente, su mujer. Mi padre vestido con el traje de mil rayas, característico de su personalidad, con su corbata y camisa de dos botones. Ella, con sus lentes, elegantemente vestida, y siempre bien dispuesta. La pareja excepcional.

Esas sonrisas la mantuvieron aún en medio de múltiples adversidades. Es la misma que tenía mi padre el viernes 19 de noviembre de 2010, cuando analizábamos las noticias deportivas. Ambos desconocíamos lo que iba a suceder el otro día. Hoy, mi padre cumple 25 días en estado de coma profundo, y 7 días respirando por sí solo. Es un gladiador. Esas sonrisas acompañarán a mis padres, siempre.

Nota sobre la foto: Agradezco al Director de El Nuevo Diario, Persio Maldonado, el detalle de haberme impreso la portada que contiene este recuerdo tan especial.

1982, ella habla sobre él

3 Dic


“La carrera política de Salvador ha sido de gran significación e importancia para mí. Su vida como político me ha servido de gran ejemplo y el haberlo acompañado en todas sus actividades políticas me enseñó a conocer las realidad de nuestra sociedad. Conocer y caminar todos los pueblos y ciudades de nuestro país, me dio la oportunidad de vivir y palpar con nuestros propios ojos y nuestras propias manos la forma de vida en todos sus aspectos, sus necesidades y sus aspiraciones normales para lograr su progreso y mejoría. Tanto en las ciudades como en los campos notamos ese deseo de superación de todas, de acuerdo al ámbito donde se desarrolla cada individuo. Pero lo más importante fue, lo es y lo será siempre el haber conocido a tantos amigos y personas que nos ayudaron en nuestra labor política; nos ayudaron a obtener los máximos objetivos y esperamos que esa amistad no sea defraudada, sino que se mantenga y acreciente toda nuestra vida. Considero que la vida política de él ha sido maravillosa para mí, porque también me gusta y considero que ha sido exitosa. Realmente lo veo como un maestro.”

Mi madre sobre mi padre, Revista Vanidades, 28 de diciembre de 1982.

Nota sobre la foto: Mis padres en el despacho presidencial, en 1985. Como siempre, ella tomando notas, mi padre dictando. El cuadro de Juan Pablo Duarte, como testigo de la historia. Las banderas nacional y la del Partido Revolucionario Dominicano en los extremos. Y el busto de Gandhi, sobre su escritorio, que aún lo conserva en su oficina privada.

1981, el encuentro con Juan Pablo II

1 Dic


En vísperas de la Semana Santa de 1981. Mi padre estaba llegando a la cúspide de su popularidad. Era ya Candidato Presidencial del Partido Revolucionario Dominicano. Recuerdo que mis padres emprendieron un viaje por Europa. Estuvieron en Portugal, España, Alemania e Italia. En éste último país, tenían concertada una cita en El Vaticano, en una de las audiencias públicas del Papa Juan Pablo II.

Para esa época, El Vaticano permitía que todos los miércoles, el Papa recibía en audiencias públicas. Mi padres fueron formalmente vestidos, como era propio para la ocasión. Mi madre siempre elegante. El encuentro con Juan Pablo II fue inolvidable para ambos. Ya el Papa había estado en República Dominicana en 1979, por lo que obviamente hablaron sobre nuestro país, sobre la familia y sobre la democracia. Y como cosa del destino, la segunda visita de Juan Pablo II a nuestro país fue en 1984, siendo recibido por mi padre como presidente de la República. Por lo que cuando mi padre le recibió al bajar las escalinatas del avión, Juan Pablo II le hizo referencia a ese encuentro de Roma en 1981.

En mi familia, tenemos muchos recuerdos de ambos encuentros de mis padres con Juan Pablo II. En 1984, el Papa le regaló a mis padres una bella representación de la “Sagrada Familia”, la cual conservamos. Mi padre siempre guardó admiración por Juan Pablo II. Recuerdo su tristeza y pesar cuando se enteró de su fallecimiento, expresándolo públicamente.

Al ver la foto de mis padres con Juan Pablo II, recuerdo la expresión de Jesús, “la paz os dejo, la paz os doy”. Mis padres vivieron en paz, a pesar de toda la turbulencia que sufrieron. Ahora que mi padre está en su undécimo día de coma profundo, luchando por vivir, sé que él está en paz.

1989, unión, fuerza y amor

29 Nov

He pasado muchas duras pruebas en mi vida, junto a mi familia. Pero pocas, como la de aquel verano de 1989. Mi padre estaba guardando prisión en la entonces “Cárcel Preventiva La Fe”. Mi madre le visitaba todos los días, al igual que Dilia y yo, solo que mi madre permanecía desde las 8am hasta las 6pm, diariamente. Esto implicaba toda una logística en el sentido de que debíamos enviarle el desayuno, almuerzo y cena, cada día. En partidas dobles. A veces, Dilia llevaba el almuerzo, y yo, la cena, o viceversa.

Un sábado caluroso de ese verano, mi madre se despedía de mi padre. Iba cargada con una canasta que tenía los platos de su cena. La celda de mi padre estaba en un segundo piso, por lo tanto, ella debía bajar las escaleras, llegar al primer piso y salir hacia el parqueo. Ocurrió lo impensable:

Bajando las escaleras, mi madre se cayó, y sufrió una terrible fractura en el tobillo y en el pie izquierdo. No quiero recordarme mucho de ese día, pero ha sido la mayor sensación de impotencia que uno pueda sentir. Mi padre, desesperado en su celda, y mi madre, llevada de urgencia a una reconocida clínica privada, en condiciones de gravedad, por su conocida diabetes. Con toda responsabilidad hoy digo que los primeros auxilios que ella recibió no fueron a la altura de su gravedad. Le pudieron un yeso que le provocó quemaduras de tercer grado, y la situación se fue complicando, cada día que pasaba.

Vivíamos, durante esos días, entre la cárcel y la clínica, agustiados. En esas circunstancias, no hubo otra alternativa que viajar a Miami con ella. Debo ser justo, y reconocer que el presidente Joaquín Balaguer autorizó la salida de mi padre, y todos juntos, viajamos a Miami, con el Doctor Escipión Oliveira, un extraordinario profesional de la medicina y excelente ser humano.

Mi madre pasó cerca de un mes internada en el hospital. En su habitación, nos tomamos la foto que comparto con ustedes. Se observa la pierna izquierda de mi madre con unos clavos sobrepuestos antes del tobillo, y los dedos de los pies enyesados. Mi madre permaneció otros meses más en silla de ruedas. Luego tuvo que utilizar calzados especiales.

Mi padre sufrió esto como si hubiese sido él mismo, como yo sé que mi madre sufriría ver a mi padre batallando para salir del estado de coma. Pudimos salir de esta dura prueba, unidos. Mi padre nos enseñó a Dilia y a mi una frase inolvidable, que repetimos antes del almuerzo familiar: “Unión, fuerza y amor… venceremos”.