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1988, mi defensa

20 Dic


Tengo en la memoria la imagen de mi padre, escribiendo en una libreta amarilla, y mi madre digitando en su computadora Mac, el contenido de probablemente el documento más importante que mi padre haya escrito en su vida, el cual tituló “Mi Defensa”, y que fue publicado, in-extenso, el jueves de 6 de octubre de 1988, en el periódico HOY.

Fueron largas jornadas de ese verano de 1988, en Atlanta, en donde mi padre estaba siendo tratado por problemas cardíacos. A Atlanta llegamos aquel 14 de mayo de 1987, luego de que el gobierno dominicano excarcelara a mi padre por los quebrantos de salud, y después de transitar por el calvario de pasar varios días en la Embajada de Venezuela en Santo Domingo, y otros días más en la Clínica Gómez Patiño. Oportunamente me referiré a estos hechos.

Lo que siempre estuvo claro en mi padre fue que, una vez concluido su tratamiento, regresaría a Santo Domingo a defenderse de las acusaciones y de las persecuciones. En esto, recibió todo nuestro apoyo, conscientes todos de lo que sucedería y de las vejaciones y humillaciones que sufriría. El honor y la dignidad están por encima de todo.

Formamos un equipo de trabajo. Mi padre escribía. Dilia y yo organizábamos el material de apoyo. Mi madre digitaba, y ocasionalmente, yo. Fueron días interminables. El documento estuvo listo el día 18 de julio de 1988. Tenía 245 páginas, con un análisis demoledor de cada una de las acusaciones que injustamente le hicieron a mi padre. Luego se tomó la decisión de esperar que llegara el momento de su publicación, que se hizo en ocubre de 1988. Mi padre regresó, junto con nosotros, a Santo Domingo a principios de diciembre de 1988. Él fue reingresado a la cárcel.

Como he dicho en otras ocasiones, muy pocos hicieron caso a “Mi Defensa”, y le prestaron escasa atención. No había oídos. Al contrario, la audiencia prestaba atención al circo, a la infamia, a las acusaciones, a la inventiva, a la injuria. Sin embargo, mi padre quizo cumplir y tener la tranquilidad en su conciencia de que había expuesto su caso, nuestro caso.

En su última página, mi padre expresa:

“Inútil sería que los tribunales conociésen la verdad si no tienen la firmeza de defender la Justicia por encima de todos los prejuicios y de todas las presiones políticas o las ocultas, que se mueven como insoslayables que jamás podrían ocultarse ante los ojos de los pueblos”.

“En esta Magistratura contemplo esas excelsas virtudes: La Verdad que sacia el conocimiento y la Justicia que apaga la sed de los justiciables. La presunción de inocencia que enriquece el juicio penal, haciéndolo más humano, es la razón desnuda de los sufrimientos del hombre y su reencuentro con la pureza de sus acciones”.

“En vuestras manos esta mi vida que es también mi toga en mi noble y honesta lucha en los tribunales, en mi vida ciudadana y al frente de los destinos públicos. Me confundo con ella y me abrazo a ella con toda la fuerza que da la inocencia”.

“Me inclino reverente ante este Tribunal, que no es fuero político sino penal”.

“Por eso espero vehemente mi absolución total”.

Palabras que, las leo una y otra vez, y tocan mi corazón. Mi padre fue condenado en primera instancia en el 1991. Diez años después, en apelación, y ya sin la pasión política, mi padre fue absuelto y descargado por no haber cometido ninguno de los hechos que le imputaban.

“Mi defensa” es el retrato hablado de mi padre, Salvador Jorge Blanco, quien hoy cumple 31 días en estado de coma profundo, luchando por vivir, en paz.