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1951, el jurista

27 Nov


En 1951, mi padre obtuvo el Doctorado en Derecho de la Universidad Complutense de Madrid. Se iniciaba un largo ejercicio profesional que lo llevaría a los estrados de casi todo el territorio dominicano. Él fue el primer abogado de la familia. Mi abuelo Pedro María Jorge Arias era comerciante. Mis tíos, Pedro y Lidilia se dedicaron, el primero, a la medicina, y la segunda, al mundo de las artes.

Fue un ejercicio diverso. La foto que comparto con ustedes es también muy poco conocida. Fue tomada en uno de los juicios más famosos de la ciudad de Santiago, en 1954. En el caso de los asaltantes de la sucursal del Royal Bank of Canada. El socio de mi padre, Orlando Cruz Franco (en cuya memoria, me pusieron su nombre), era uno de los abogados de oficio, y el día de esa foto, mi padre estuvo en los estrados. Nótese la gran cantidad de personas que asistían a este proceso judicial.

Luego de la caída de la dictadura, mi padre pertenecía al sector profesional más progresista de Santiago, y por tal razón, junto a destacados empresarios y profesionales, fue uno de los fundadores del Banco Popular Dominicano, y de la Asociación para el Desarrollo de Santiago. Su oficina de abogados se constituyó en una escuela de formación de exitosos profesionales del derecho, y para la década del setenta, era uno de los bufetes más prestigiosos del país.

Paralelamente a su exitoso ejercicio profesional, mi padre también defendió a muchos dominicanos que sufrieron violaciones a sus derechos humanos en los doce años de Balaguer (1966-1978). Mi madre siempre le acompañaba, al extremo que ella formó un grupo de damas que velaban por el cuidado de quienes estaban privados de su libertad en las cárceles de Santiago.

También, en momentos en que una sociedad no entendía lo que era la violencia de género, mi padre fue el abogado de Miguelina Llaverías cuando fue maltratada y abusada en aquellos años oscuros. Siempre he visto el sentimiento de gratitud de Miguelina hacia mi padre, en todos los momentos difíciles, al igual que muchas personas que, en algún momento de sus vidas, recibieron su solidaridad en el ejercicio profesional.

Su legado está recogido en sus libros de texto que son bibliografía obligatoria y recomendada en las clases de Derecho en nuestro país.

El día antes de librar la batalla crucial que lo mantiene en estado de coma desde hace siete días, estaba en su trabajo, como todos los días. Siempre orientando. Ese es mi padre, Salvador Jorge Blanco, el jurista. Tu toga y birrete te esperan.