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Los dictadores y el cine

1 Mar

“Los dictadores son propensos a la cinefilia. Lenin, que detestaba la música, porque lo irritaba que le hiciera ponerse sentimental, consideraba que de todas las artes el cine podía ser la más útil para favorecer la causa del proletariado. Hitler veía casi cada noche, en una sala de cine perfectamente equipada, operetas vienesas de época y musicales americanos, y le regaló a Eva Braun una cámara para hacer películas en color que aún hoy nos hielan la sangre, con su mezcla de risueñas estampas domésticas y cataduras genocidas tomando el sol en terrazas con vistas de los Alpes. A Stalin le gustaban también los musicales americanos y las películas del Oeste, y como padecía insomnio, igual que Hitler, y disfrutaba manteniendo despiertos a sus cortesanos hasta muy tarde, podía prolongar la sesión de cine con una juerga alcohólica, en la que observaba en silencio a sus aduladores y a sus víctimas futuras como inventando para cada uno de ellos un guion siniestro cuyo desenlace no conocía nadie más que él. El general Franco no trasnochaba ni bebía, pero su devoción por el cine era igual de vehemente, hasta el punto de escribir el guion de aquella película, Raza,que era una ensoñación patética de su propia biografía, y demostraba que el cine puede arruinarle la imaginación a cualquiera.”

“Quizás a los dictadores les gustan tanto las películas porque tienen muy limitadas las posibilidades de salir de noche y porque están rodeados sin pausa de gente servil con la que ya no saben qué hacer. Salvo Franco, que al parecer se iba a la cama temprano después de rezar el rosario con doña Carmen en la mesa camilla, los dictadores duermen mal, tienen el sueño cambiado, se levantan muy tarde, hacen las cosas a deshoras. De todos los sátrapas de la edad moderna, quizás el más apasionado por el cine fue Kim Jong-il, el Líder Bienamado de la República Democrática Popular de Corea del Norte, hijo y heredero de Kim Il-sung, Gran Líder y luego Líder Eterno, cuando después de su muerte y su embalsamamiento se decretó que seguiría rigiendo la República de Corea y el Partido de los Trabajadores desde la ultratumba.”

Antonio Muñoz Molina, en El tirano cinéfilo.

Tres películas sobre política

22 Dic

La política ha sido parte de las producciones cinematográficas en Hollywood en este año. Tres películas que versan sobre tres hechos distintos y distantes han logrado reunir excelente crítica:

Lincoln: Dirigida por Steven Spielberg. Lincoln es intepretado por Daniel Day-Lewis.

Argo: Dirigida por Ben Affleck. Tuve la oportunidad de verla, y esta fue mi impresión.

Zero Dark Thirty: Dirigida por Kathyrin Bigelow. Con una actuación muy destacada de Jessica Chastain.

En momentos en que, en muchas partes, incluyendo por estas latitudes, se habla de la degradación de la política, es preciso resaltar que, en contraste, estas políticas se refieren a líderes políticos y ha hechos políticos que han marcado la historia.

Los directores y actores de estas películas estarán, de seguro, entre los nominados, y probablemente, ganadores de los Oscar. Veremos.

"Argo", o cuando la CIA y Hollywod le ganaron al Ayatolá

1 Dic

En un momento de la película Argo, un productor de cine dice que la historia que se hace sobre falsedades es una historia que termina en tragedia. En verdad, si lo vemos al revés, la frase es muy apropiada para esta película. Lo que comenzó como una tragedia, termina con una historia basada en la falsedad, siendo un hecho real. Remontarse a noviembre de 1979, cuando los estudiantes iraníes invadieron la Embajada de Estados Unidos en Teherán, convirtieron ese hecho en un teatro que duró 444 días, a la vista del mundo entero, enfrentando el fundamentalisto del Ayatolá Jomeini con el mundo occidental, desatando una de las peores crisis políticas de la época, que todavía hoy separa a Estados Unidos y a Irán, y que le costó la presidencia de Jimmy Carter.  Al final, nada es improvisado, y todo requiere de “luces, cámaras y acción”.

Convertir la historia en falsedad fue lo que menos quiso hacer el agente de la CIA, Antonio J. Méndez, interpretado por Ben Affleck, cuando fue llamado para rescatar a seis americanos que se habían escapado de la Embajada de Estados Unidos en Teherán y se refugiaron en la casa del Embajador de Canadá, en un drama que cada día se convertía más tenso, y con la armada republicana irání, pisándole los talones. Viendo un episodio del “Planeta de los Simios”, se le ocurrió la idea de entrar a Irán como “productor de cine” y convertir a los seis americanos en parte del “crew”, y “extraerlos” de Teherán. Para ello, tenía que hacer “creíble” y “legítima” la “falsa”, y por ello se asistió de “Hollywood”, através de dos productores especialistas en maquillaje y obras de ficción, John Goodman y Alan Arkin.

Affleck, quien también es el Director de la película, cubre todos los detalles apegados a los hechos reales, y que fueron recogidos en el libro The Master of Disguise, escrito por el propio Méndez, y el artículo The Great Escape, publicado en la revista “Wired”. El inicio de la película con la sinopsis animada de la historia política de Irán es genial. Los diálogos de los funcionarios americanos sobre la política exterior de Carter es muy descriptiva de la realidad que se vivía en ese momento. La vestimenta, los cigarrillos, los lentes o espejuelos, los nudos gordos de las corbatas, las melenas, y las escenas de las protestas en Teherán, así como la imagen del hombre ahorcado en la calle, colocan al espectador en el epicentro de la crisis, con su drama y sus tensiones.

La operación “Argo” se mantuvo secreta hasta 1997. Fue hecha pública por el presidente Bill Clinton, y Méndez fue finalmente reconocido públicamente. En pleno siglo 21, las operaciones de inteligencia se comprenden mejor que en aquellos años. Y, con el actual conflicto en Medio Oriente, y las nulas relaciones entre Estados Unidos e Irán, el hecho de extraer a seis americanos, en colaboración con el gobierno de Canadá, sin que hubiese un solo muerto, de ninguno de los dos lados, es lo que hace a “Argo”, una de las mejores películas del año.

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‘El dictador’

17 May

Solo quienes han vivido y viven en regímenes dictatoriales, saben lo que se padece y sufre cuando no existe la libertad. Solo la sátira política permite ver, desde otra óptica, la cruda realidad cuando un país es ‘gobernado’ por personalidades excéntricas que, ocultan todas sus deficiencias, bajo el culto de sus propias personas. Es lo que nos quiere recordar Sacha Baron Cohen, con su más reciente película El Dictador:

 

Me recuerda a Charlie Chaplin, en El Gran Dictador.

 

‘De Nicolás a Sarkozy’

15 Abr

 

Fue Nicolas y hoy es Sarkozy: básicamente, un ambicioso.

Lecciones de ‘Moneyball’

6 Abr

 

Moneyball es una película sobre victorias y derrotas, basada en el libro escrito por Michael Lewis. Más que ser un relato sobre béisbol, constituye la historia sobre el cambio cultural que ha experimentado la gerencia en una época en el que el manejo y el uso de la información en la toma de decisiones, es crucial. Evidentemente que en el béisbol, al igual que otros deportes profesionales, los instintos son importantes, pero no representan, hoy día, lo “único”, en un medio caracterizado por el interés comercial por encima de todo.

Cambiar la forma de tomar decisiones en el béisbol es la trama de Moneyball. El protagonista de la película, Billy Beane, interpretado brillantemente por Brad Pitt, es el manager de los Atléticos de Oakland. Beane lleva en su sangre, no solamente el béisbol, sino que solo está hecho para ganar, nunca para perder. Por ello, cuando Oakland pierde en 2001 su oportunidad de ir a la serie por el campeonato de la Liga Americana, y terminan los contratos de sus tres jugadores estrellas, Beane decide reinventar a su equipo. Para tal propósito, se auxilia de Peter Brand, quien es economista, graduado de Yale, y que su especialidad es recabar información y datos sobre jugadores de béisbol para determinar sus habilidades y sus capacidades, y con ello, suministrar información a la gerencia para que pueda tomar la mejor decisión al momento de contratar y de ensamblar a su equipo.

Beane enfrenta a los dinosaurios de Oakland, es decir, a los funcionarios que tenían años haciendo ‘scouting-reports’ sobre los cientos de jugadores de las Ligas Mayores y Menores. Estos funcionarios nunca aceptaron la nueva modalidad introducida por él. Durante la película, hay varias escenas de las reuniones sostenidas entre Beane y sus funcionarios. Al final, se impuso el modelo diseñado por Beane y Brand, y luego de un inicio preocupante, Oakland logra en 2002 la hazaña de ganar, en línea, veinte juegos seguidos.

Sin embargo, Oakland no pudo tampoco ganar su pase a la serie de campeonato.  Es la lucha interna de Beane, en toda la película. Tal como él lo señala, lo importante es ganar el último juego. Es decir, puedes tener el mejor récord y los jugadores extraordinarios, pero, si a la hora de la verdad, no ganas el juego que estás supuesto a ganar para clasificar al campeonato, es como si no hubiese hecho todo el esfuerzo anterior. Ahí está la lección principal de Moneyball.

Por último, la película está dirigida por Bennett Miller, y tiene entre sus guionistas a Aaron Sorkin, el mismo que escribió “Social Network”. Y es que tanto Moneyball como Social Network son películas que trascienden el propio objeto de las mismas, y se convierten en una radiografía sobre la conducta de los seres humanos. Por otra parte, Brad Pitt es insuperable en su rol de gerente general de los Atléticos de Oakland, así como las actuaciones de Jonah Hill y Philip Seymour Hoffman son excepcionales.

 

‘The Ides of March’, o el animal político

25 Mar

http://youtu.be/McCt-_yYLpo

 

En septiembre del año pasado, escribí este apunte sobre The Ides of March, la película sobre la contienda presidencial interna en el Partido Demócrata y dirigida por George Clooney.  Sus actores son de primera línea. Es una película que debe ser vista por todos aquellos que siguen la política.

La trama es convencional en la línea de lo que ha ocurrido en la política americana. Un candidato presidencial necesita el apoyo de un tercero para poder asegurar el total de delegados que le asegurar ganar la nominación. Esos votos están en el estado de Ohio, que por su peso electoral, el que gana las primarias, gana la candidatura. Para lograrlo se desarrollan una serie de situaciones, dentro de su campaña, que tendrán  resultados inesperados, entre ellos, una relación con una interna, lo que me recordó el caso de Bill Clinton.

A pesar de los elementos tradicionales, la película permite observar el lado oscuro de la política. Lo que se mueve detrás de las cámaras, la lucha por el poder, las propuestas (a veces, indecentes) que se hacen entre los equipos de campaña, las estrategias que desarrollan los equipos contrarios para desactivar al equipo contendor.  La discusión entre el jefe de campaña y su número dos en el que se hace una apología sobre el valor de la lealtad en la política es una de las mejores escenas. Asímismo, la conversación entre el jefe de campaña del candidato opuesto con el número dos de la otra campaña es memorable.

Finalmente, el candidato presidencial, interpretado por George Clooney, es el político de las mejores ideas liberales, con una visión en contra de la guerra y con respeto al derecho a la religión. También, demuestra que es de carne y hueso. Que cae en las tentaciones, y que tiene una extraordinaria sangre fría para enfrentar los obstáculos que se le presentan.  Y lo más importante, que es un animal político, capaz de hacer los acuerdos más inverosímiles para alcanzar el objetivo político.

 

‘J. Edgar’, o el poder de la información

10 Mar

 

Resumir la vida pública y privada de J. Edgar Hoover, uno de los hombres más poderosos en la historia reciente de Estados Unidos, es uno de los principales retos que, sin dudas, ha tenido Clint Eastwood.  Hoover fue el fundador y primer director del FBI, posición en la que estuvo por 48 años, trabajando para ocho presidentes. Eastwood adopta un guión en el que Hoover, ya viejo y cansado, le dicta sus memorias a agentes novatos de la institución, en un viaje al pasado y al presente, en su vida. Leonardo DiCaprio, quien interpreta a Hoover,  es brillante en su actuación.

Es interesante ver en la película cómo surge el FBI, y cómo se inician los primeros pasos en la recolección de los sistemas de identificación de los potenciales criminales. Hoover estuvo muy claro, desde el comienzo, que necesitaba un organismo que no dependiera de ninguna instancia política, excepto del Procurador General. Así se convirtió en uno de las figuras más poderosas y temibles de la política americana. Almacenaba informaciones de diferentes líderes políticos, económicos y sociales, y utilizaba esa información para chantajear y extorsionar, y así obtener privilegios políticos.

Eastwood resalta la posición conservadora radical de Hoover en contra de la “enfermedad del comunismo”, su lucha contra las ‘bandas mafiosas’, y su odio contra Martin Luther King.  De igual manera, la película dedica buen tiempo a las investigaciones sobre la desaparición del hijo de  Charles Lindbergh. También, es muy notorio su desdén hacia los Kennedys, especialmente contra Robert Kennedy, quien era su superior jerárquico. De hecho, también Robert Kennedy no tenía mucha empatía hacia Hoover.

Conocedor de las personalidades de los presidentes con quienes trataba, Hoover sabía que el presidente Richard Nixon quería apropiarse de la información secreta que manejaba en el FBI. Por ello, Hoover le pidió a su eficiente secretaria, interpretada por Naomi Watts, que, una vez Hoover falleciere, le destruyera todos esos documentos. Con una lealtad admirable, su secretaria cumplió su misión, justo antes de que penetraran los funcionarios de Nixon, en búsqueda de los famosos archivos secretos de Hoover.

Eastwood retrata también la vida personal de Hoover. La influencia de su madre, interpretada por Judi Dench, es determinante en la carrera de Hoover. Desde dictar su forma de vestir hasta aupar su ego de salvar la dignidad de su familia, los consejos de su madre estaban siempre presente en la vida del director del FBI. De pocos amigos, nunca se casó, no tuvo vida social, Hoover tuvo una relación muy estrecha con su asistente, Clyde Tolson, interpretado por Armie Hammer, que incluso Eastwood lo caracteriza, varias veces, como una relación homosexual. Aún cuando no existan muchas evidencias que apoyen esta tesis, lo cierto es que la relación de trabajo y personal entre ambos fue muy estrecha hasta la muerte de Hoover.

Casi al final de la película, es memorable el diálogo entre Tolson y Hoover, cuando el primero desmiente todas las hazañas que Hoover había ido narrando en la misma.  Ver la película, por tanto, es transitar por distintos episodios que marcaron la historia política de Estados Unidos, la cual, indudablemente, no se puede escribir sin mencionar el nombre de J. Edgar Hoover.

 

 

J. Edgar Hoover, visto por Clint Eastwood

15 Nov

J. Edgar, la nueva película de Clint Eastwood es el retrato del poder, detrás de la personalidad de J. Edgar Hoover, quien fue el primer director de la FBI, permaneciendo 50 años en el cargo desde 1924 hasta 1972. Hoover hizo carrera en los comienzos de la agencia federal de investigaciones, hasta su nombramiento por el presidente Calvin Coolidge. Desde entonces, Hoover despachó con siete presidentes norteamericanos, quienes no pudieron relevarlo de sus funciones, debido a la extraordinaria habilidad de Hoover para permanecer en el poder. Era temido por la gran cantidad de información que acumulaba sobre políticos y personalidades de Estados Unidos.

“El comunismo no es un partido político, es una enfermedad” decía Hoover.  Fue radical contra todo lo que simbolizaba cualquier presencia del comunismo en Estados Unidos, cometiendo infinidades de abusos. También, Hoover no era muy agradable con los defensores de los derechos civiles. En ocasiones, contrastaba su actuación ante la discriminación racial que se vivía en el sur de Estados Unidos, con la conducta de los presidentes John F. Kennedy y Lyndon Johnson.  De igual manera, Hoover era soltero, aspecto que Eastwood utiliza en la película para revelar, lo que era especulado en los círculos sociales de aquellos años, sus relaciones con uno de sus asistentes.

Leonardo Di Caprio representa a J. Edgar Hoover en la película, en una extraordinaria actuación. Sin dudas, la película de Clint Eastwood, basada en hechos reales, está en mi lista de películas recomendadas. La historia del FBI no se puede escribir sin J. Edgar Hoover, ni viceversa.

‘Margin Call’, el otro lado de la moneda

3 Nov

Viendo la situación por la que está atravesando Grecia, cuya crisis económica amenaza con tambalear Europa en proporciones nunca vistas, la exhibición de la película Margin Call es muy oportuna. Es una mirada a los álbores de la crisis financiera de 2008, pero desde adentro, desde las mismas entrañas de los bancos. Como en toda organización, hay gente buena, dispuesta a sacrificarse por el bien de la empresa y de la sociedad, y también, hay gente que práctica la avaricia y el afán de lucro, retorciendo las normas éticas. Es una forma distinta de ver cómo en las empresas financieras, cuya conducta ha ocupado la atención de movimientos como Occupy Wall Street, también, en esas empresas existen personas que forman parte del 99%.  Definitivamente, Margin Call es una película que hay que ver para entender, aún más, las causas de la actual crisis global y local.

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Lectura recomendada: Reportaje sobre Ruth Madoff, la esposa de Bernard L. Madoff, publicado en The New York Times.