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Los responsables

10 Ene

En apuntes anteriores me había referido al origen de la crisis financiera mundial. Joseph Stiglitz, quien estuvo en el país en noviembre pasado en el Seminario auspiciado por el gobierno dominicano, ha publicado en la revista Vanity Fair un artículo titulado Capitalist Fools, en el que señala las decisiones érroneas que han llevado a Estados Unidos a la recesión en que se encuentra actualmente.

A juicio de Stiglitz, los errores, en cascada, fueron los siguientes:

Primero, la sustitución de Paul Vocker por Alan Greenspan como Presidente de la Reserva Federal: Greenspan era partidario de la desregulación, lo que le creaba una dualidad como supervisor de las instituciones y empresas financieras.

Segundo, la destrucción de los muros de la regulación: La desregulación financiera ha sido la principal causante de la ausencia de supervisión en las empresas que fueron cerradas el año pasado.

Tercero, la imposición de las curitas: La política fiscal del gobierno del presidente George W. Bush, sumada a la crisis financiera, contribuyó a la desaceleración de la economía norteamericana.

Cuarto, falsificando los números:
Deficiente supervisión de las agencias calificadoras de riesgos, avaladas por leyes aprobadas a tal efecto, que impedía obtener la realidad contable de las principales empresas que desde el 2002 comenzaron a ser objeto de investigación judicial.

Quinto, Permitiendo la sangría: El salvamento de octubre de 2008 no contuvo la crisis económica. La propuesta del Secretario de Tesoro, Henry Paulson, se vió más bien como una solución para Wall Street, no para Main Street.

Una muestra más que la visión de minimizar el rol del gobierno no fue la más correcta. Hoy más que nunca, se ha reivindicado que la solución a la crisis está en la manos de quienes gobiernan, con las regulaciones necesarias y estrictas sin que las mismas afecten el desempeño del mercado.

Los contrapesos del poder

27 Sep


(Comparto mi articulo publicado hoy en El Nacional)

En medio de la grave crisis que sacude al sistema financiero de Estados Unidos, las instituciones democráticas norteamericanas nos están dando buenas lecciones de cómo se hacen políticas públicas, sobre todo para la clase política dominicana, que no está acostumbrada a lo que James Madison en 1788, llamó “los checks and balances”, o “los controles y equilibrios” entre los Poderes. El Plan de Henry Paulson, Secretario de Tesoro, para el salvamento del sistema financiero de Estados Unidos es el mejor ejemplo del ejercicio de los contrapesos del Poder.

Mientras en países, como el nuestro, en donde el peso político del Presidente de la República es muy fuerte, y en ocasiones, “avasallante”, una decisión política de la magnitud asumida por el Secretario de Tesoro, hubiese sido asumida exclusivamente por el Poder Ejecutivo. Basta con recordar la crisis del 2004, en donde el Poder Ejecutivo se responsabilizó exclusivamente de las decisiones políticas. El Congreso Nacional, el de antes ni el de ahora, habría asumido ninguna posición, en función de exigir condiciones a las decisiones planteadas por el Ejecutivo.

La solución propuesta por el Secretario de Tesoro, Henry Paulson, para el salvamento del sistema financiero, que implicaría la autorización, en una especie de cheque en blanco, por el monto de 700 billones de dólares, y en el establecimiento de un tope a la deuda pública de Estados Unidos en 11.3 trillones de dólares, ha recibido el correspondiente contrapeso en el Congreso de Estados Unidos.

Existen diversos puntos contradictorios en el Plan Paulson, pero, por razones de espacio, solo me detendré en uno. En su Sección 8, el Plan plantea que “Las decisiones adoptadas por el Secretario de conformidad con la autoridad de la presente ley no son revisables y están vinculadas a la discreción de su Agencia, y no pueden ser revisadas por una corte o cualquier organismo administrativo”.

Hay que recordar que la credibilidad de la Administración del presidente Bush está muy mermada como consecuencia de la política unilateral en Irak, que llevó al entonces Secretario de Estado, Collin Powell, a hacer una serie de planteamientos que luego resultaron no ser totalmente ciertos. Con ese antecedente, el Congreso de Estados Unidos no autorizará el cheque en blanco que quiere el Secretario de Tesoro, y que, por lo tanto, en ejercicio de los “checks and balances”, impondrá condiciones rigurosas al Plan Paulson, incluyendo la modificación del texto antes citado, incorporando la supervisión del Congreso en la implementación y ejecución de ese Plan.

Aquí cabe la expresión de Madison, que retrata claramente la necesidad de la rendición de cuentas y de los mecanismos de control por parte del Congreso sobre las actividades del Ejecutivo: “Si los hombres fuesen ángeles, el gobierno no fuese necesario. Si los ángeles fuesen a gobernar los hombres, los controles externos ni internos sobre el gobierno fuese necesario. En la formación de un gobierno que será administrado por hombres sobre los hombres, la gran dificultad estriba en esto: usted primero debe habilitar el gobierno para controlar los gobernados, y luego, obligarlo a que se controle a sí mismo” (Federalist No.51).

Ahora que el país está asistiendo a un debate sobre la reforma constitucional, es, más necesario que nunca, que exista ese contrapeso a las intenciones e iniciativas del Poder Ejecutivo. Ese será el rol que quienes estamos encabezando la oposición, haremos. Con respeto a nuestras diferencias.

El contrapeso de Paulson

23 Sep

En mi anterior apunte, me referí a los checks and balances del sistema constitucional norteamericano, como una de las principales fortalezas de las instituciones democráticas de ese país, a propósito del proceso que sigue el Plan de Henry Paulson para salvar al sistema financiero americano.

No hay dudas de que el Plan Paulson será aprobado por el Congreso de los Estados Unidos, pero con ajustes y condiciones. Ayer, hubo la primera muestra de ese contrapeso que representa el Congreso de Estados Unidos ante las pretensiones del Poder Ejecutivo. El Senador Christopher Dodd (Demócrata – Connecticut), actualmente Presidente del Comité de Banca del Senado, presentó su contrapropuesta al Plan del Secretario de Tesoro.

La propuesta de Dodd procura establecer una serie de condiciones a los amplios poderes que se le otorgan a Paulson en el salvamento del mercado financiero, entre ellos: establecer garantías que protejan las inversiones que hará el gobierno; aumentar el control de la regulación; proteger mas a los propietarios de viviendas; y aumentar el control del Congreso en la supervisión del Plan. En otras palabras, Paulson no recibirá un cheque en blanco.

Esta es la grandeza de un sistema democrático que funciona. La decisión de intervenir en el sistema bancario no es exclusiva del Presidente de la Republica, sino que el Congreso tiene que aprobarla o rechazarla, con la participación de las fuerzas políticas con representación en el Congreso, al margen de las diferencias que le separan.

Una lección que la clase política dominicana tiene que aprender y asimilar.

(Colofón: 1.- El salvamento del sistema financiero le costará 3,438 dólares a cada ciudadano de Estados Unidos. 2.- Actualmente, la deuda pública de Estados Unidos es de 10.6 billones de dólares, y en virtud del Plan Paulson, se aumenta a un límite de 11.3 billones de dólares).

Un billón de dólares

22 Sep

Es el monto estimado de lo que le costará al gobierno de Estados Unidos el plan de rescate al sistema financiero actualmente en crisis. El plan de Henry Paulson, Secretario del Tesoro, que solicita la autorización para costear con US$700,000 millones el sistema financiero, establece una serie de requisitos para su implementación.

Lo interesante, desde mi perspectiva, son dos aspectos que quiero resaltar como consecuencia de experiencias que ha vivido el país. Lo primero es como en Estados Unidos funciona el llamado “checks and balances” que existe entre el Poder Ejecutivo y el Congreso. Es decir, el Presidente asume una decisión política, somete un proyecto de ley, que es el Plan Paulson, y el Congreso le corresponde asumir su responsabilidad, aprobando o desaprobando el mismo. Esta es la grandeza de las instituciones de Estados Unidos.

Lo segundo, es que estamos asistiendo a un enriquecedor debate sobre los niveles de intervención en la economía. Estados Unidos siempre ha sido el promotor de mínima regulación en el mercado, aplicando la teoría del liberalismo económico. Sin embargo, ese mismo país, ante la magnitud de la crisis, ha tenido que intervenir directamente en el rescate del sistema financiero. Este debate se percibe incluso en las posiciones de los Candidatos Presidenciales, Barack Obama y John McCain, y en los propios líderes del Congreso de Estados Unidos.

Es muy probable que el Plan Paulson sea aprobado con algunas condiciones, para que no sea una especie de cheque en blanco, pero, cuando uno observa estas extraordinarias cifras, que al final serán asumidas por los ciudadanos norteamericanos mediante el pago de los impuestos, uno no deja de sentir un sabor amargo ante el alto índice de pobreza que existe en países como el nuestro, que con el 10% de esa cifra total, solucionaríamos parte de nuestros serios y graves problemas nacionales.