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La foto, Balaguer y Lyndon Johnson en 1967

20 Feb


Viendo la ola de cambios en Tunisia, Egipto y posiblemente en otros países árabes, hay que revisitar la historia. Esos monstruos que el imperio creó son los mismos que la ola del pueblo se ha llevado y se llevará. No me cansaré de decirlo: la política exterior americana es la misma, solo han cambiando sus actores, que tienen discursos diferentes al pasado, pero, en esencia, el «Big Stick» es el mismo.

El 24 de abril de 1965, patriotas dominicanos iniciaron lo que se conoció como la revolución de abril, que consistió en reclamar la vuelta de la constitucionalidad pisoteada con el golpe de Estado de 1963 al presidente Juan Bosch. El movimiento estaba integrado por militares leales a la Constitución de 1963 y por destacados profesionales y civilistas del país. Como conscuencia de distorsionados informes de inteligencia, el gobierno del presidente Lyndon Johnson decidió invadir a República Dominicana con tropas americanas, que desembarcaron el 29 de abril de 1965, bajo el pretexto de que había que impedir que Santo Domingo se convirtiera en otra Cuba. Luego de intensas negociaciones que duraron alrededor de tres meses, y luego de que oficialmente las tropas americanas abandonaran el país, se convocaron elecciones para el 1 de junio 1966.

¿Qué hizo el gobierno de Estados Unidos? «Lograr que Balaguer sea elegido en elecciones que tengan sentido» (copiado textualmente del memorándum del 14 de marzo de 1966 dirigido al presidente Johnson por un funcionario americano). Para ello, era necesario que: a) Lograr una gran cantidad de votos porque eso favorece a Balaguer; b) Mantener al PRD – si no a Bosch – en la contienda para que las elecciones tengan sentido; c) Evitar que García Godoy, presidente interino, se mantuviera en el cargo más allá del 1 de junio. Todo fue fielmente ejecutado. Balaguer «ganó» las elecciones el 1 de junio de 1966. Fue juramentado el 1 de julio de 1966, con la presencia del Vicepresidente de Estados Unidos, Hubert Humphrey.

En la foto, Balaguer reunido con Johnson, en Punta del Este, Uruguay, en abril de 1967. Nunca se habían visto personalmente. Desde entonces, la historia es conocida. Sin dudas, como le dijo un agente de la CIA a Pierre Salinger, periodista y jefe de prensa de Kennedy, cuando le preguntó sobre qué había hecho antes de irse a Vietnam en 1967: «Yo estuve en Santo Domingo donde mi misión fue asegurarnos que Balaguer ganase las elecciones». Bernardo Vega lo relata todo, aquí.

La amistad de Nixon con Balaguer

26 Ene

«Yo no tengo paciencia con aquellos que están en contra de la República Dominicana. Esa es la actitud del Departamento de Estado, pero no es la mía. Ellos están en contra porque la consideran una dictadura. A mí no me importa un carajo lo que sea. Estoy a favor de ella. ¿Está claro? Además, no tengo paciencia para la actitud que favorece que se le debe dar un mejor tratamiento a Perú, Bolivia o Chile”… “En cuanto a esos pequeños países africanos, es algo tonto… El Departamento de Estado está en contra de Brasil (cuyo presidente lo era el general Figuereido) y la República Dominicana por las razones equivocadas. Están en contra de ellos porque piensan que ambos son dictaduras. A mí me gustan porque lo son. No porque son dictaduras, sino porque son amigos de Estados Unidos. Los amigos de Estados Unidos serán remunerados, los enemigos de Estados Unidos serán castigados».

Richard Nixon, en la grabación de la reunión que sostuvo con el empresario norteamericano Charles Bluhdorn, citado en el artículo titulado Nixon, Balaguer y Bluhdorn, escrito por Bernardo Vega. Para buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Andrés Pérez, in memoriam

4 Ene

Por razones conocidas, no pude escribir el apunte dedicado a Carlos Andrés Pérez, expresidente de Venezuela, en el momento en que ocurrió su fallecimiento. Cosas del destino. El presidente Pérez falleció siete horas antes que mi padre. Pero, no podía dejar de escribir este apunte dedicado a un hombre que fue solidario con la democracia dominicana y con la de muchos países latinoamericanos.

Cuando el presidente Antonio Guzmán ganó las elecciones del 16 de mayo de 1978, terminando así con la etapa oscura de los doce años del presidente Joaquín Balaguer, hubo sectores de poder, cercano a éste último, que se negaron a reconocer el triunfo expresado en las urnas. Adicionalmente a los valientes dirigentes del Partido Revolucionario Dominicano, entre ellos, mi padre Salvador Jorge Blanco, que defendieron el triunfo electoral ante la Junta Central Electoral, hubo la oportuna y necesaria intervención de tres personalidades internacionales que contribuyeron a que el presidente Balaguer reconociera el triunfo del presidente Guzmán, y le entregara el poder el 16 de agosto de 1978.

Los entonces presidentes Carlos Andrés Pérez, Jimmy Carter y Mario Soares, de manera separada, intervinieron puntualmente para lograr que se respetara la decisión del pueblo dominicano. En el caso del presidente Pérez, llegó a comunicarse directamente con el presidente Balaguer para exigir la transferencia del poder. Fue un momento estelar de la vida democrática dominicana, y quienes sentimos apego por los valores de la democracia, debemos agradecer y reconocer ese gesto invaluable del presidente Pérez.

Ese gesto se debió a la entrañable amistad que siempre existió entre José Francisco Peña Gómez y Carlos Andrés Pérez, desde que Peña Gómez hizo su entrada triunfal a la Internacional Socialista en 1976. Esa amistad se extendió entre diversos líderes del Partido Revolucionario Dominicano y de Acción Democrática, y luego entre los gobiernos dominicano y venezolano. Ahí nació la extraordinaria generosidad de Venezuela hacia República Dominicana, que se ha mantenido hasta los actuales momentos.

Felipe González escribió este artículo sobre Carlos Andrés Pérez. Al igual que muchos venezolanos y latinoamericanos, deseo que el presidente Pérez descanse en paz, en Venezuela, su tierra amada. Murió un demócrata, y sobre todo, un amigo de República Dominicana, Paz a sus restos.

Los informantes de Crassweller

19 Dic

Robert D. Crassweller escribió Trujillo, la trágica aventura del poder personal, la mejor obra que se ha escrito sobre el dictador. Crassweller falleció en julio de 2004, refiere Angela Peña en este reportaje publicado ayer en el periódico Hoy. Crassweller era un abogado que trabajó por mucho tiempo en el Departamento de Estado, en la unidad de inteligencia, y luego de la caída de la dictadura, en 1961, tuvo contactos con destacados dominicanos que fueron colaboradores y adversarios de Trujillo que se encontraban en el exilio. En 1967, publica la referida obra, que fue una sensación nacional e internacional. ¿Quiénes fueron los informantes de Crassweller? Peña cita a Euclídes Gutiérrez con esta afirmación:

«Otros aspectos importantes del largo proceso conocido con el nombre de la Era de Trujillo, el doctor Balaguer los narró, con la misma intención y estilo personal, a Robert Crassweller, quien le fuera presentado en Nueva York por el doctor Juan Arce Medina, concediéndole a Crassweller entrevistas que duraron por espacio de siete horas, según le confesó el Dr. Balaguer a quien les dirige la palabra».

Otro informante de Crasweller fue Virgilio Alvarez Pina (Don Cucho), quien fue uno de los más cercanos colaboradores de Trujillo, durante su exilio en Nueva York durante los años 1961 y 1964, según refiere Peña citando a Bernardo Vega:

«Uno podía pensar que después de las entrevistas de Robert Crassweller a Don Cucho, durante su exilio de poco más de dos años en Nueva York, material que utilizó el historiador norteamericano en su libro sobre el régimen trujillista, Don Cucho no tenía más que aportar. Ahora sabemos que no es así», en referencia a las memorias de Don Cucho publicadas en el 2008.

Es curioso cómo los más cercanos colaboradores de Trujillo fueron los informantes de Crassweller, quien tenía el peso relevante de haber ocupado puestos en el gobierno norteamericano, lo cual no descarta que esa información fueran transmitidas extraoficialmente a las agencias correspondientes. Fue durante ese período que los americanos pusieron sus ojos sobre el presidente Balaguer, exilado en New York, para que regresara a Santo Domingo en 1966. Luego, la historia es conocida.

Otro dato relevante que destaca Peña es que no existe en internet ninguna foto de Crassweller. Ni siquiera el New York Times, en donde Crasweller trabajó hizo un obituario al momento de su fallecimiento. El único obituario encontrado es éste, referido por Peña.

Recomiendo que las nuevas generaciones lean la obra de Crassweller, para que nunca jamás se repita ningún asomo de dictadura en nuestra querida tierra.

1976, el político

5 Dic


En mi casa siempre se respiraba la política (y todavía, aún). Mi padre siempre tuvo y ha tenido inquietudes políticas. Luego de la caída de la dictadura de Trujillo, en esos años de turbulencia e inestabilidad entre 1961 y 1965, mi padre hizo sus primeras incursiones políticas en el partido Unión Cívica Nacional. Y la razón es muy simple. Toda una clase profesional pujante de Santiago vió la necesidad de abrir un espacio político que no estuviese vinculado con la dictadura trujillista, y ese espacio lo significaba ser «cívico». Mi padre nunca lo negó, y al contrario, consechó muy buenas amistades con otros destacados miembros de ese partido. Obviamente, mi padre nunca ocupó posiciones dirigenciales en ese partido.

Luego del triunfo electoral de Juan Bosch, y con la revolución de abril de 1965, mi padre asume un rol importante en la defensa de la constitucionalidad. Terminado ese proceso, y luego de conocer personalmente a Juan Bosch y a José Francisco Peña Gómez, mi padre se inscribe en el Partido Revolucionario Dominicano. Recuerdo perfectamente, a principios de los setenta, haber visto muchas veces a Juan Bosch en mi casa en Santiago. Incluso, para el nacimiento de Dilia, mis padres conservan una nota personal de Bosch con motivo de ese acontecimiento.

Cuando Bosch renuncia del PRD, y funda el Partido de la Liberación Dominicana, mi padre se queda en el Partido Revolucionario Dominicano, al lado de José Francisco Peña Gómez. Desde el año 1973, mi padre inicia una extraordinaria carrera política, que la fue llevando junto a un exitoso ejercicio profesional, destacándose por su defensa a quienes eran objeto de persecuciones en esos difíciles doce años del presidente Balaguer. Ya para 1976, mi padre había aglutinado un importante apoyo de reconocidos dirigentes del partido, y ya había quienes iban estructurando la idea de posible aspiraciones presidenciales.

Si algo he aprendido de mi padre es que cada cosa es a su debido tiempo. En esos años, la figura de mayor popularidad en el partido, a parte de Peña Gómez, lo era don Antonio Guzmán, quien le ganó a mi padre la candidatura presidencial en 1977. Mi padre aceptó los resultados, y apoyó decididamente a don Antonio Guzmán, quien fue electo presidente de la República en el 1978, produciendo la alternabilidad democrática en nuestro país. Nuevos aires de cambio entraron en la política dominicana.

Mi padre, como presidente del PRD y como Senador electo por el Distrito Nacional, le correspondió defender el triunfo de Guzmán en la Junta Central Electoral, en momentos en que fuerzas conservadoras y militares pretendieron desconocer esos resultados. Con tesón, y con la ayuda de otras destacadas figuras, los resultados fueron respetados.

En 1981, ya en la cúspide de su popularidad, mi padre ganó abrumadoramente la Candidatura Presidencial, siendo las primeras primarias con votación universal en la historia del partido. Mi casa era un hervidero de gente, todos los días. Incluso, recuerdo despertame en mi habitación, en medio de una reunión de mis padres con sus colaboradores. Como adolescente, yo no podía ayudar mucho. Contemplaba y veía jugando baloncesto en el patio de mi casa, a la historia.

Fui testigo de esa historia, de ese triunfo resonante del 16 de mayo de 1982, y de la proclamación de mi padre como presidente de la República para el período 1982-1986. Aquel movimiento que se había iniciado en los años setenta llegaba a su ciclo en 1982. Mis padres estaban felices, al igual que toda la familia. Se sentía el peso de la responsabilidad, pero poco se sabía de lo que vendría después. La política es como el beísbol, no se sabe cuál será su final sino hasta que no se cante el out 27.

Terminado todo este proceso, ya mi padre retirado en su casa, luego de sobrevivir una de las más feroces persecuciones políticas. Del sóleo presidencial a la cárcel. Luego condenado, y finalmente descargado por la propia justicia, luego de que se fueran las pasiones. Mi padre siguió siempre, ya en otro perfil, en la política. Cuando sintió que había que respaldar al presidente Hipólito Mejía en el 2004, lo hizo para preservar al partido. No le tembló el pulso. Cuando sintió que había que respaldar a Miguel Vargas en el 2008, lo hizo, siempre de manera elegante.

Una historia fascinante la de mi padre, el político. Como todo en la vida, con sus altas y sus bajas, pero con muchas lecciones. Pocas horas antes del 20 de noviembre, de caer en estado de coma profundo, hablamos sobre el agradecimiento y la lealtad, dos valores esenciales en la política. Esos consejos que me diste ese día, los tengo en mi corazón.

Nota sobre la foto: Mi padre siempre estuvo rodeados de libros, y nos inculcó el hábito de la lectura. En la foto, revisando su biblioteca en la oficina de abogados.

1984, la Casa Blanca

2 Dic


«… Presidente y Sra. de Jorge Blanco, es verdaderamente un honor para mí darle la bienvenida a Ud, el primer Presidente de su país en hacer una visita de Estado a los Estados Unidos…» Así inició el presidente Ronald Reagan su discurso de bienvenida a mi padre cuando fue objeto de una hermosa ceremonia militar en la explanada frontal de la Casa Blanca, el martes 10 de abril de 1984.

Ese día por primera vez ( y hasta hoy, la única vez), la bandera dominicana ondeó, junto con la americana, en cientos de astas en la Casa Blanca, sus jardines y sus verjas, así como en las principales oficinas públicas de Washington. Un amigo de la familia que estaba ahí me comentó la emoción que sintió mi padre por la significación de esa histórica visita.

Desde entonces, todos los presidentes dominicanos que sucedieron a mi padre, Joaquín Balaguer, Leonel Fernández e Hipólito Mejía han visitado la Casa Blanca, en lo que protocolarmente se llama «visitas oficiales», pero a mi padre le ha correspondido el honor de ser el único presidente dominicano que ha hecho una «visita de Estado», sobre la cual escribí este apunte hace varios años.

En el 1985, mi padre volvió a Estados Unidos y se encontró con el presidente Reagan en Carolina del Sur. Yo estuve en ese viaje, y conservo una foto de esa ocasión.

Por coincidencia, en el año 1988, mi madre y yo estábamos en Washington, y pasamos al frente de la Casa Blanca. Mikhail Gorbachov era recibido, en visita de Estado, a la Casa Blanca por el presidente Reagan. Ambos recordamos aquella visita de 1984. El tiempo es implacable.

Carter y la crisis de 1978

10 Nov


El 16 de mayo de 1978 se celebraron elecciones en República Dominicana. Ganó el Partido Revolucionario Dominicano y su candidato presidencial, Antonio Guzmán. Era el fin de una etapa histórica, marcada por doce años de represión y violaciones a los derechos humanos. El entonces presidente Balaguer no reconoció voluntariamente su derrota. Al contrario, hubo acciones oficiale tendentes a falsificar los resultados electorales a nivel legislativo para que el Senado estuviese en control del partido de Balaguer. Fue la época de los famosos Gacetazo y Juntazo (Ver Nos. 54 y 55), cuyos gestores están hoy día muy cerca y con mucha influencia en el gobierno actual. Solo la presión internacional impidió el desconocimiento de la voluntad popular. Los presidentes Carlos Andrés Pérez, de Venezuela, y el primer ministro Mario Soares, de Portugal, fueron claves en ello. Igualmente, el presidente Jimmy Carter. Al menos, ese es el relato que personas que vivieron esos momentos críticos me han referido. Pensaba que habría alguna referencia a la crisis de 1978 en The White House Diary, las memorias de Carter. Extrañamente, no hay una sola mención de esta etapa histórica, en contraste con otros episodios internacionales, como la crisis de los rehenes de Irán y la paz de medio oriente, en donde la figura de Carter quedó muy mal parada. Dudo que en los registros de la Casa Blanca no exista constancia de las llamadas y las reuniones de Carter sobre uno de los episodios que marcaron el renacimiento de la democracia dominicana.

¿Qué hace el Agregado Militar de EUA?

17 Oct

He comenzado a leer Balaguer y los militares dominicanos, de Brian J. Bosch, quien fue Agregado Militar de Estados Unidos de América en la República Dominicana, durante entre 1971 y 1974, años difíciles en la historia dominicana. La obra contiene valiosas informaciones a las cuales le dedicaré algunos apuntes posteriores. Un dato que me ha llamado la atención es la función del Agregado Militar en Santo Domingo durante esa época, aunque asumo que en la actualidad debe mantener casi idénticas responsabilidades, solo que probablemente hayan cambiando algunas líneas de Comando. Estas eran las funciones en esos años, descritas por Bosch, en la página 12 de su libro:

– Proporcionar al gobierno de los Estados Unidos una descripción de la capacidad militar del país al que estaba asignado. Este requisito estaba centrado en la organización, equipamiento y eficacia operativa de las fuerzas terrestres dominicanas. Los dos usuarios principales de esta información lo eran la Agencia Central de Inteligencia de Defensa en Washington, D.C. y el Comando Sur de los Estados Unidos, con sus oficinas principales en la anterior Zona del Canal de Panamá, y que están ahora en Miami.

– Dar seguimiento a la política dentro del ámbito militar asumido un papel activo en la estabilización de la República Dominicana. Los principales usuarios de este tráfico de información lo eran el embajador norteamericano, varias agencias y departamentos nacionales civiles en Washington, y en el Departamento de Defensa, el aparato político del Pentágono y los analistas político – militares de la Agencia de Inteligencia de Defensa.

Brian J. Bosch, al igual que la mayoría de los funcionarios diplomáticos de Estados Unidos, tomaba nota de todo. De ahí, lo valioso de su obra. Es interesante ver cómo, a pesar de los años, la misión sigue siendo casi la misma, ahora con la característica de que la cooperación entre República Dominicana y Estados Unidos es más estrecha, en la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico.

Carros presidenciales

19 Dic

Como le debe suceder a la mayoría de los conductores de vehículos de motor en la ciudad de Santo Domingo, durante esta semana, en par de ocasiones, me encontré coincidencialmente con la caravana presidencial, es decir el conjunto de vehículos que protegue y sigue al carro del presidente, en este caso, del presidente Leonel Fernández. Mi vehículo, por lo tanto, permaneció un buen tiempo detenido, al igual que los demás, hasta tanto transitara libremente el presidente, lo cual es normal que esto suceda, a pesar de las molestias naturales que ocasiona.

Estaba tan cerca del paso de la caravana presidencial, que me detuve a observar el vehículo presidencial. Y definitivamente que hemos cambiado mucho la tradición de los carros presidenciales en República Dominicana. Estos fueron los modelos tradicionales que usaron Trujillo y el presidente Joaquín Balaguer. Luego, los presidentes Antonio Guzmán y Salvador Jorge Blanco cambiaron ligeramente su estilo. Pero, definitivamente, el cambio radical vino con el presidente Fernández que siempre ha utilizado una «jeepeta», al igual que el presidente Hipólito Mejía. Actualmente, el presidente Fernández tiene dos jeepetas parecidas a este modelo. Creo que tanto la presidente Mejía como las del presidente Fernández están «blindadas», es decir, a prueba de balas y de proyectiles, como es normal y natural.

Lo interesante es que, salvo que se me pruebe lo contrario, estos vehículos han sido y son propiedad personal de cada uno de los presidentes. No sucede como en otros países, en donde los carros u autos presidenciales son propiedad del gobierno, lo que asegura continuidad, mantenimiento y el establecimiento de los protocolos de seguridad adecuados. Aquí pueden ver todos los autos presidenciales desde Obama hasta Chávez. Hasta en este tema, desde el punto de vista institucional, nos queda un largo camino por recorrer.

Finalmente, ruego que me excusen con las fotos de los carros presidenciales dominicanos, pues me fue muy difícil localizar sus fotos en Internet, por lo que me ví precisado a colocar fotos de modelos similares, de manera que le pido disculpas si he colocado un modelo de vehículo que no se corresponda con los colores y el año de los que realmente usaron o usan los presidentes dominicanos.

Las matemáticas electorales no se equivocan

14 Dic

La alegría de Sebastián Piñera, con el 44,23%, durará poco tiempo. Es cierto, que la derecha venció ayer en las elecciones de Chile. Pero, contra las matemáticas electorales, nadie puede. Eduardo Frei obtuvo el 30,5%; Marco Enriquez-Ominami, el 19,39%; y Jorge Arrate, 5,86%. Está claro que Arrate, que viene del Partido Comunista, no apoyará a Piñera, por lo tanto, los votos obtenidos se le suman totalmente a Frei. Enriquez-Ominani, que hizo una excelente demostración de fuerza y de entereza, proviene de las filas de la Concertación, por lo que, un mínimo de la mitad de sus fuerzas votarán por Frei. Obviamente, vendrán unos días de cortejo en búsqueda de esos votos, pero, nosotros, los dominicanos, que sabemos y vivimos la experiencia de la segunda vuelta en el 1996, aprendimos esa lección a tiempo: Los números electorales son fulminantes. Lo que sí, es evidente, es que la Concertación tiene que repensar y reinventar su discurso ante los nuevos desafíos que tiene Chile. Estoy seguro que lo harán, y que Frei será presidente de Chile.