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‘Desde el otro lado del charco’

28 Jun

Los cinco del Parque Central

22 Nov

La peor injusticia es condenar a un inocente. Incluso, después de que el inocente es absuelto, ¿quién le devuelve su nombre y el tiempo de injusta prisión? En abril de 1989, una corredora del Parque Central fue violada, recibiendo golpes y heridas que estuvo a punto de morir. En esa época, Nueva York estaba muy dividido en términos raciales, y las autoridades y la policía decidieron fabricar los culpables de este horrendo crimen: 5 adolescentes afroamericanos, a quienes sometieron a torturosos interrogatorios para lograr confesiones involuntarias.  Diez años después, la justicia los descargó por no haber cometido los hechos que le imputaban. Resultó que la prueba de ADN identificó a un criminal en serie que sí lo cometió.

Hoy día, los cinco ya son adultos, y han intentando rehacer sus vidas, en una sociedad que les fue injusta. Y aún, siguen pagando un costo extraordinario. Incluso, uno de ellos se cambió hasta su nombre. La historia, aquí.

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Urdangarín, ante la justicia

26 Feb

 

Si algún lector piensa que haré un análisis sobre el caso judicial que enfrenta Iñaki Urdangarín, le recomiendo que visite otra página. En realidad, me he animado a escribir este apunte ante la cobertura de los medios de comunicación, en el ejercicio de su derecho, sobre este caso.  Sin dudas, una línea delgada divide el derecho a la información pública y el derecho a la presunción de inocencia y el respeto al debido proceso de ley.

Ver a Urdangarín, caminando el llamado ‘pasillo de la vergüenza’ hacia el tribunal confirma la fortaleza de las instituciones democráticas en España, en donde definitivamente, a pesar de los títulos monárquicos, la ley es igual para todos. Observarlo su delgadez, en comparación con fotos anteriores, se nota el peso de las tensiones. Es el momento clave de saber quiénes son sus amigos, y no los oportunistas.  Es el momento de saber con quién se cuenta. También, es la hora de soledad.

Por otra parte, algunos medios juzgan y dictan sentencias, aún antes de que la justicia conozca y decida los casos. Es una práctica muy común, no solo en Europa, sino en muchas latitudes, incluyendo la nuestra. Es difícil luego recoger todo lo que se ha escrito y dicho sobre una persona, aún cuando la justicia lo absuelva de toda culpabilidad.

Culpable o inocente, el futuro no será igual para Urdangarín. Veremos.

Osama: muerto o muerto, ¿y la ley?

5 May

La ejecución de Osama Bin Laden es un retrato de la sicología de los americanos, tal como describe Enric González en su artículo La caza de la ballena blanca:

“Es imposible exagerar el impacto de la destrucción de las Torres Gemelas en la psique estadounidense. El hecho en sí fue gravísimo. Por el número de muertos, por la caída de unos edificios simbólicos, porque ni Nueva York ni el resto del país, ajeno hasta entonces a masivos ataques exteriores, habían vivido jamás una jornada de tal pánico y tal asombro.

Pero hubo algo más. Si Osama bin Laden asumió para el colectivo la condición de monstruo cruel y elusivo, los estadounidenses se pusieron en la piel del capitán Ahab: no existía otro fin que la venganza. No importaban los medios, no importaban las consecuencias. Era una cuestión moral y absoluta, sin posibilidad de matices.”

Por ello, nunca se planteó la posibilidad de capturar a Osama Bin Laden y traducirlo a la justicia. Era una sola opción: su ejecución, su asesinato, su muerte. ¿Podía hacerlo el gobierno de Estados Unidos de América? ¿Podía matar a quien era su enemigo más buscado? Desde que la CIA se vió involucrada en una serie de acciones para asesinar a religiosos en la década de los setenta, el presidente Gerald Ford emitió una orden que claramente prohibía los asesinatos políticos: “Ningún empleado del gobierno de Estados Unidos de América puede involucrarse en, o conspirar para involucrarse, en asesinatos políticos”.

En la medida en el que el tiempo y las circunstancias fueron cambiando, la prohibición de asesinar fue pasando a otro plano, a pesar de que no hubo cambios expresos. Luego de los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, los abogados de la Casa Blanca interpretaron la prohibición de la siguiente manera:

“Algunos han argumentado que nuestras prácticas están dirigidas a violar el derecho interno, en particular, la prohibición nacional de los asesinatos. Pero la jurisdicción interna, el uso de sistemas de armas legales que sean compatibles con las leyes aplicables de la guerra de precisión en acción específica para líderes beligerantes de alto nivel, cuando se actúa en defensa propia o durante un conflicto armado que no sea ilegal, y por lo tanto, no constituye “asesinato”.”

En otras palabras, para el gobierno americano, Osama Bin Laden no fue asesinado, por lo tanto no hay responsabilidades que reclamar. Tampoco, según su criterio, no merecía ser capturado ni ser traducido a la justicia. Solo la sentencia de Obama al anunciar la muerte de Bin Laden: “Se ha hecho justicia”.

Jeffrey Toobin lo explica en Killing Osama: Was it legal. También, recomiendo Is it legal to kill Osama Bin Laden (Por cierto, este artículo es de junio de 2010).

La sinrazón de Guantánamo

26 Abr

Los halcones de la Era de Bush idearon y promovieron establecer en la base militar de Guantánamo, Cuba, una prisión para alojar a los “terroristas peligrosos” de Al-qaeda, que no podía estar en ninguna otra prisión del mundo. Esa era la idea. La realidad fue y es otra. De 780 prisioneros, solo 220 eran considerados “terroristas peligrosos”.

Con abogados torturadores, ni siquiera los 220 prisioneros pueden ser procesados judicialmente, bajo el estatuto jurídico de enemigos combatientes, por la contaminación de la prueba. Entonces, ¿para qué fue Guantánamo? Para ser un centro de tortura, de recolección de información, de careos entre prisioneros, que fue convirtiéndose paulatinamente en una especie de limbo para quienes sufrían y sufren la injusticia de la pérdida de su libertad. Un drama implementado por la nación que profesa ser guardiana de la libertad y de los derechos civiles. Amy Davidson, editora senior del New Yorker, analizó los documentos filtrados por Wikileaks y publicados en diversos periódicos, y recoge su evaluación en WikiLeaks: The Uses of Guantánamo.

Con la llegada del presidente Barack Obama, se eliminó la tortura en Guantánamo. Sin embargo, la falta de cumplir su promesa de cerrar este centro de detención le pesa sobre sus hombros. Es un problema que afecta la reputación global de Estados Unidos de América, y es también un problema político. Quedan actualmente 172 prisioneros en Guantánamo y se impone una solución política y jurídica que concluya con este triste capítulo de la llamada lucha contra el terrorismo, conclusión que debe ser con más transparencia, más libertad, y por ende, más democracia.

‘Inside Job’, crimen sin castigo

20 Mar

Cuando en la ceremonia de Los Oscar, el director Charles Ferguson subió al escenario a recoger su estatuilla por haber hecho el mejor documental, su frase final fue impactante: Desde que estalló la crisis financiera de 2008, “ninguno de los ejecutivos financieros ha ido a la cárcel”. Esa es la esencia de Inside Job, el documental que retrata las causas y las consecuencias de la crisis financiera de 2008, que fue la génesis de la recesión económica que han vivido las principales economías desarrolladas del mundo, y que ha tenido su impacto también en estas latitudes. El documental revela las redes internas que existen en el “establishment” político, económico y social en la sociedad norteamericana que han tenido más influencia y peso que los crímenes cometidos por los ejecutivos de las empresas involucradas en esta crisis. Es la historia del crimen sin castigo. Un contraste claro y evidente con una sociedad, como la de Estados Unidos, que proclama la igualdad de todos ante la ley. Aquí les dejo con el “trailer” de este magnífico documental:

Más aquí.

Chirac y Portillo, dos juicios paralelos

2 Feb

Francia y Guatemala son dos naciones distintas y distantes. Una con instituciones democráticas fuertes. La otra, con debilidades propias de una nación que todavía tiene heridas de la dictadura y de la corrupción. Ambas han encausado a dos expresidentes Jacques Chirac y Alfonso Portillo, cuyos casos diametralmente diferentes:

Caso Chirac: Antes de ser presidente, Chirac fue Alcalde de París, y se le acusa de haber creado una cuenta de gastos para beneficiar a 21 colaboradores que eran miembros o afiliados de su partido. Chirac debió ser procesado antes, pero al ser electo presidente de Francia (1995-2007), gozaba de inmunidad, y por lo tanto, no podía ser enjuiciado. La justicia es implacable y ciega en Francia. Chirac tiene 78 años de edad, con su salud precaria, como se puede apreciar en esta foto. Lo interesante es que su acusación es ajena a su ejercicio presidencial. ¿Hasta dónde llegará el interés de la justicia en este caso? A partir del 7 de marzo, fecha en que se inicia el proceso, veremos.

Caso Portillo: El expresidente Portillo está acusado de apropiarse, mientras ejerció la presidencia (2000-2004), junto a otros funcionarios, de unos sesenta millones de dólares del Ministerio de Defensa, al transferirlos a cuentas personales. Hay otros ex-funcionarios involucrados. Sobre Portillo pesa una orden de extradicción a Estados Unidos, debido a que utilizó dos bancos norteamericanos para la referida transacción. Su suerte está contada. Su condena, segura, tal como escribí en este apunte.

Dos juicios paralelos que simbolizan a la justicia en su lucha constante contra la corrupción, en sus distintas facetas.

1987, el roble

10 Dic


Por razones de edad, no fui testigo de hechos en los que mi padre participó de manera activa, como fue durante la revolución de abril de 1965, o durante sus defensas en los tribunales ante las violaciones a los derechos humanos en la década de los setenta, o durante las campañas políticas de 1978 y 1982, o durante su ejercicio presidencial. El destino me colocó en la primera línea de fuego ya cuando mi padre estaba en plena desgracia política.

Desde el 16 de agosto de 1986, el nuevo gobierno hizo lo siguiente: Cada lunes, a las ocho de la noche, un funcionario dirigía un discurso al país desde el Palacio Nacional, teniendo como testigo al presidente Balaguer. Como era de esperarse, esas alocuciones tenían un solo objetivo: destruir política y moralmente a mi padre. Así transcurrió ese año, en medio de una soledad que cada día era más evidente.

El 1987 fue el año donde pude comprobar el talante de mi padre, y sobre todo su madera. Ya no cabían más acusaciones. Era la inventiva, la infamia, y la calumnia, a su máxima expresión. Cada día había una provocación pública. Hubo también aquella notificación para que compareciera como acusado ante un tribunal. Ese día, recuerdo que mi padre nos dijo a Dilia y a mí lo que iba a suceder, pero que había que mantener la calma. En contra de muchas advertencias, mi padre decidió asistir y comparecer a la citación. Recuerdo la fecha exacta, 28 de abril de 1987. Una juez ordenaba que mi padre fuese a prisión.

Fue el comienzo de un calvario. No había auditorio para escuchar a mi padre. Es decir, nadie escuchaba ni prestaba atención a lo que mi padre decía de que no había cometido ningún crimen y delito, que no era culpable de los hechos que le acusaban. Ese tiempo vendría después, pero la pasión política, unida al poder avasallante más el resentimiento, fueron implacables. Hay otros episodios de esos días que, por el momento, me reservaré comentar en otros apuntes.

Mi padre nunca bajó la cabeza. Nunca perdió la humildad ni la sensatez. Fue perseverante y coherente. Resistió con dignidad todas las humillaciones a la que fue expuesto. Años después de haber sido descargado por no haber cometido ninguno de los hechos que le imputaron, mi padre me dijo con esa lógica que siempre utilizaba que “así es la política, Orlando, que es donde mejor se conocen a los seres humanos”. Sin guardar ningún tipo de odio ni rencor contra nadie.

Ese año, 1987, mi padre me demostró que estaba hecho de un roble duro y resistente. Ese es el mismo ser entrañablemente querido y amado que veo hoy luchando por vivir.

Nota sobre la foto: Mis padres rodeados de los camareros del restaurante Pez Dorado, en Santiago, 1982. En la foto está Don Armando, el jefe de camareros; Alfredo Sang y su esposa, Dulce; y Jorgito Aoodo Ho, actual propietario; Entre los camareros están Gerardo y Héctor que siguen laborando en este símbolo de la ciudad corazón.

1951, el jurista

27 Nov


En 1951, mi padre obtuvo el Doctorado en Derecho de la Universidad Complutense de Madrid. Se iniciaba un largo ejercicio profesional que lo llevaría a los estrados de casi todo el territorio dominicano. Él fue el primer abogado de la familia. Mi abuelo Pedro María Jorge Arias era comerciante. Mis tíos, Pedro y Lidilia se dedicaron, el primero, a la medicina, y la segunda, al mundo de las artes.

Fue un ejercicio diverso. La foto que comparto con ustedes es también muy poco conocida. Fue tomada en uno de los juicios más famosos de la ciudad de Santiago, en 1954. En el caso de los asaltantes de la sucursal del Royal Bank of Canada. El socio de mi padre, Orlando Cruz Franco (en cuya memoria, me pusieron su nombre), era uno de los abogados de oficio, y el día de esa foto, mi padre estuvo en los estrados. Nótese la gran cantidad de personas que asistían a este proceso judicial.

Luego de la caída de la dictadura, mi padre pertenecía al sector profesional más progresista de Santiago, y por tal razón, junto a destacados empresarios y profesionales, fue uno de los fundadores del Banco Popular Dominicano, y de la Asociación para el Desarrollo de Santiago. Su oficina de abogados se constituyó en una escuela de formación de exitosos profesionales del derecho, y para la década del setenta, era uno de los bufetes más prestigiosos del país.

Paralelamente a su exitoso ejercicio profesional, mi padre también defendió a muchos dominicanos que sufrieron violaciones a sus derechos humanos en los doce años de Balaguer (1966-1978). Mi madre siempre le acompañaba, al extremo que ella formó un grupo de damas que velaban por el cuidado de quienes estaban privados de su libertad en las cárceles de Santiago.

También, en momentos en que una sociedad no entendía lo que era la violencia de género, mi padre fue el abogado de Miguelina Llaverías cuando fue maltratada y abusada en aquellos años oscuros. Siempre he visto el sentimiento de gratitud de Miguelina hacia mi padre, en todos los momentos difíciles, al igual que muchas personas que, en algún momento de sus vidas, recibieron su solidaridad en el ejercicio profesional.

Su legado está recogido en sus libros de texto que son bibliografía obligatoria y recomendada en las clases de Derecho en nuestro país.

El día antes de librar la batalla crucial que lo mantiene en estado de coma desde hace siete días, estaba en su trabajo, como todos los días. Siempre orientando. Ese es mi padre, Salvador Jorge Blanco, el jurista. Tu toga y birrete te esperan.

Lohara es sinónimo de justicia

12 Nov

Prometí darle seguimiento al caso de Lohara. Anoche, el tribunal colegiado de San Francisco de Macorís emitió su decisión. Pocas veces, había visto un crimen cometido con tanta saña, premeditación y alevosía. Fue la destrucción de una vida. En aquel momento se impuso la maldad. Hoy, se ha impuesto la justicia. Luego, llegará el momento del arrepentimiento, la rectificación, y el perdón. En un país con grandes debilidades institucionales, la justicia ha hecho honor a su nombre.