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La Batalla del Hotel Matum: El relato de mi padre

19 Dic

Héctor Aristy, Coronel Caamaño y mi papá, entre otras personas, horas antes de la Batalla del Hotel Matum.

Héctor Aristy, Coronel Caamaño y mi papá, entre otras personas, horas antes de la Batalla del Hotel Matum.

 

Hoy se conmemora el 50 aniversario de la Batalla del Hotel Matum en Santiago, en la que estuvieron mis padres junto al Coronel Caamaño. Mi papá, Salvador Jorge Blanco, me relató lo siguiente:

En noviembre de 1965, Caamaño le pidió que se organizara en Santiago una misa en memoria al Coronel Fernández Domínguez, fallecido en la guerra de abril, puesto que a seis meses de su fallecimiento, no habían podido ir a su tumba en el cementerio de Santiago. Así lo hizo mi papá, junto a un Comité Organizador que se designó para tales fines e integrado por: Salvador Jorge Blanco, José Augusto Vega Imbert, Ambiorix Díaz Estrella, Aníbal Campagna, Gustavo Bonnelly, José Luis Manzano, Dagoberto Martínez, Ramón de Luna, Yoryi Pérez y Epifanio Rodríguez.

Después de ir al Cementerio y celebrar la misa en la Iglesia de Nuestra Señora de la Altagracia, que está en el centro de la ciudad, fueron al Hotel Matum, para almorzar y que Caamaño tuviera la oportunidad de compartir con los miembros del Comité Organizador y sus esposas. Caamaño estaba acompañado con Héctor Aristy, Montes Arache, Lachapelle Díaz, Lora Fernández, Gerardo Marte, Fidencio Vásquez, Manolo Bordas y otros.

Estando en el Hotel Matum, comenzaron las balaceras y los bombardeos. Ahí, falleció el Coronel Lora Fernández. Estuvieron casi todo el día hasta por la intervención del presidente provisional de la República, Héctor García Gordoy, lograron salir. Lo que fue un malsano intento de exterminar a los héroes del 24 de abril, terminó como el triunfo de la mística y de la disciplina de un puñado de hombres sobre las fuerzas que habían decidido tomar el Hotel Matum a sangre y fuego.

Mi papá concluyó su relato: “Nos salvamos milagrosamente”.

Loor a la memoria de todos ellos, héroes y mártires de la revolución de 1965.

Más: 1965, el constitucionalista.

Ceremonial de Estado en la Casa Blanca

15 Feb

El respeto por los símbolos, protocolo impecable y sobriedad, son los elementos que caracterizan la llegada del presidente invitado, en visita de Estado, a la Casa Blanca. Así fue como sucedió durante la visita de Estado del presidente de Francia, François Hollande, a la Casa Blanca, la semana pasada:

 

Me ha recordado la visita de Estado que hizo mi padre, Salvador Jorge Blanco, cuando el presidente Ronald Reagan ocupaba la Casa Blanca, en 1984. Hasta el día de hoy, ha sido la única visita de Estado por parte de un presidente dominicano a la Casa Blanca.

Ronald Reagan, en su Centenario

5 Feb

Ronald Reagan cumpliría cien años de edad, mañana domingo. Sin dudas, que está entre los diez presidentes mejor valorados en Estados Unidos. Fue Reagan el que expresó, en su discurso inaugural, que para la crisis actual, el gobierno no es la solución a nuestro problema, el gobierno es el problema, con extraordinaria clarividencia a la crisis económica que vendría a principios del siglo 21. Igualmente,le correspondió evitar la expansión del imperio soviético y creó las bases para el derrumbe de las cortinas de hierro en Europa del Este a fines de la década de los ochenta.

Con motivo de su centenario, Young Americas, una fundación vinculada al Partido Republicano, a la que se la ha cedido el Rancho de Ronald Reagan, para celebrar cursos y seminarios de formación política, ha preparado este documental, que comparto con ustedes. Al verlo, tener pendiente de que se trata de una visión pro conservadora en contra del régimen de Obama, lo que, en cierto modo, le resta a la calidad al mismo, pero es rico en imágenes de distintos momentos de la historia moderna.

Desde el punto de vista personal, y al margen de las diferencias ideológicas, Ronald Reagan es el único presidente americano a quien he tenido la oportunidad de conocer, gracias a mi padre, Salvador Jorge Blanco.

Salvador Jorge Blanco, cuatro lecturas

20 Ene


Comparto con ustedes cuatro artículos que analizan a mi padre, Salvador Jorge Blanco, en distintas etapas de su vida:

Salvador, un gran amigo, de Francisco Dorta Duque.

Salvador Jorge Blanco: In Memoriam, de Julio González.

Salvador Jorge Blanco… in memoriam, de Rafael Cordero Díaz.

Lo que heredamos de Jorge Blanco, de Bernardo Vega.

Nota sobre la foto: Mi padre hizo su maestría en Derecho en la Universidad Complutense de Madrid en 1951, una época muy difícil en España, de mucha austeridad. Comparto con ustedes su Tarjeta de Autorización de Residencia para Extranjeros, expedida por la Comisaria de Buenavista, de la Jefatura Superior de la Policía.

Carlos Andrés Pérez, in memoriam

4 Ene

Por razones conocidas, no pude escribir el apunte dedicado a Carlos Andrés Pérez, expresidente de Venezuela, en el momento en que ocurrió su fallecimiento. Cosas del destino. El presidente Pérez falleció siete horas antes que mi padre. Pero, no podía dejar de escribir este apunte dedicado a un hombre que fue solidario con la democracia dominicana y con la de muchos países latinoamericanos.

Cuando el presidente Antonio Guzmán ganó las elecciones del 16 de mayo de 1978, terminando así con la etapa oscura de los doce años del presidente Joaquín Balaguer, hubo sectores de poder, cercano a éste último, que se negaron a reconocer el triunfo expresado en las urnas. Adicionalmente a los valientes dirigentes del Partido Revolucionario Dominicano, entre ellos, mi padre Salvador Jorge Blanco, que defendieron el triunfo electoral ante la Junta Central Electoral, hubo la oportuna y necesaria intervención de tres personalidades internacionales que contribuyeron a que el presidente Balaguer reconociera el triunfo del presidente Guzmán, y le entregara el poder el 16 de agosto de 1978.

Los entonces presidentes Carlos Andrés Pérez, Jimmy Carter y Mario Soares, de manera separada, intervinieron puntualmente para lograr que se respetara la decisión del pueblo dominicano. En el caso del presidente Pérez, llegó a comunicarse directamente con el presidente Balaguer para exigir la transferencia del poder. Fue un momento estelar de la vida democrática dominicana, y quienes sentimos apego por los valores de la democracia, debemos agradecer y reconocer ese gesto invaluable del presidente Pérez.

Ese gesto se debió a la entrañable amistad que siempre existió entre José Francisco Peña Gómez y Carlos Andrés Pérez, desde que Peña Gómez hizo su entrada triunfal a la Internacional Socialista en 1976. Esa amistad se extendió entre diversos líderes del Partido Revolucionario Dominicano y de Acción Democrática, y luego entre los gobiernos dominicano y venezolano. Ahí nació la extraordinaria generosidad de Venezuela hacia República Dominicana, que se ha mantenido hasta los actuales momentos.

Felipe González escribió este artículo sobre Carlos Andrés Pérez. Al igual que muchos venezolanos y latinoamericanos, deseo que el presidente Pérez descanse en paz, en Venezuela, su tierra amada. Murió un demócrata, y sobre todo, un amigo de República Dominicana, Paz a sus restos.

1970, el nacimiento de Dilia Leticia

31 Dic


El nacimiento de mi hermana, Dilia Leticia, fue una historia de amor y de ternura, que mi padre, Salvador Jorge Blanco, vivió junto a mi madre, Asela Mera de Jorge. Él lo relata, al detalle, en el texto que transcribiré, y que lo hago, como último apunte del año, en honor a la memoria de mis padres, que están juntos en mejor vida. Oportunamente, continuaré narrando vivencias, historias y lecciones de dos vidas ejemplares, y que siempre estarán en mi memoria. Comparto con ustedes este texto:

RELATO

Por: Salvador Jorge Blanco.

Él estaba percibiendo fuertes palpitaciones del vientre sobre una de sus piernas, de tal manera que se ha despertado a las dos de la madrugada del 21 de diciembre quedándose despierto para apreciar mejor esa percepción y no atribuirla al sueño. Respira profundamente tratando de sentir el olor a fresa característico en el diabético cuando el azúcar ja subido más allá de su nivel en el cuerpo humano y al mismo tiempo intenta atisbar convulsiones propias del descenso del azúcar en el cuerpo. La despierta indicándole que le tomaría el pulso y comprueba cien pulsaciones por minuto. Esto indica que el corazón está caminando más de pronto que lo normal, siendo lo único cuya ignorancia médica le permite concluir. Toma el Pinard (pequeño estetoscopio inventando por un científico francés) para oír los latidos de la criatura en el vientre y cuenta en un minuto ciento cuarenta pulsaciones. Esta operación la ha venido realizando durante los últimos meses hasta tres veces al día, habiendo sido entrenado para esto. Este pequeñito corazón si parece que está normal, por lo que se tranquilizan y deciden no llamar a los médicos, sino esperar que la aurora anuncie la mañana.

Se dispone a dormir pero no concilia el sueño, pues grandes interrogantes intensifican su insomnio. ¿Qué estará pasando? Retrospectivamente su recuerdo vuela hacia aquella Babel gigante verdadera selva humana en esta civilización. En dos oportunidades los galenos del Hospital Mount Sinai han fracasado. La naturaleza los ha vencido y también el fatalismo que el vulgo atribuye al azúcar en el cuerpo humano y las grandes dificultades en la gestación de una joven que intenta romper las barreras de la maternidad. Pero, hay una esperanza que también obliga a desechar los malos recuerdos que solamente acuden a la mente del hombre en la medida de realizar una superación, porque nadie recuerda con el propósito de volver a sucumbir en un momento angustioso de la existencia. Piensa en el fruto de cuatro años que rompió esa creencia y que permitió a un grupo de galenos de Santiago de los Caballeros hacer lo que en el Hospital Mount Sinai no fue posible. El buen precedente es una esperanza en esa angustia que lentamente acompaña el transcurso del tiempo; pero lo malos precedentes son también sentencias en el devenir del hombre y pesan con fuerza inaudita. Mentalmente realiza un balance de la gestación. En conjunto buena, sin embargo, en el segundo mes del embarazo el vientre se vació, reduciendo su tamaño a los límites del embrión muerto.

A las siete de la mañana repite la operación de tomar el pulso. Los latidos maternales del corazón se mantienen en cien pulsaciones. Procede nuevamente a oír los látidos de la criatura que son normales. Es una sensación agradable porque es un tic-tac parecido a un pequeño motorcito que marcha rítmicamente a velocidad de ciento cuarenta pulsaciones por minuto.

Llama a los médicos. El obstetra adelanta una cita considerando que la cesárea no puede esperar. A las once de la mañana su sangre es extraída para una reserva en caso de emergencia, pues coincidencialmente los progenitores pertenecen al mismo grupo sanguíneo.

Es la una de la tarde de día veintiuno de diciembre. Han transcurrido unas doce horas cuando un grito rompe las paredes cercanas de la sala de operaciones. Un embozado sale a dar la buena nueva. Es una hembra que pese a los siete meses luce viable, después de doce horas muy importantes en la vida intrauterina de esa mujer.

Feliz año nuevo.

Hasta luego, papá

29 Dic

A mi padre, Salvador Jorge Blanco, lo despedí ayer con estas palabras, que comparto con ustedes. Gracias por la solidaridad.

Salvador Jorge Blanco, 1926-2010

27 Dic


Ayer fue el día más difícil de mi vida. Mi padre, Salvador Jorge Blanco, falleció luego de la librar por 37 días su última batalla en la vida. Murió en paz, como mueren los hombres buenos. ¿Quién fue mi padre? Comparto con ustedes los apuntes que escribí sobre su vida en estos días de prueba:

1982, foto de familia

1965, el constitucionalista

1951, el jurista

1957, la pareja

1989, unión, fuerza y amor

1986, el poder es una sombra que pasa

1981, el encuentro con Juan Pablo II

1984, la Casa Blanca

1982, ella habla sobre él

1972, los totumeros

1976,el político

1982-1986, el presidente

1987, el roble

1926, la familia

1981, las sonrisas

1978, Colegio Las Américas

1982, el mitin

1988, mi defensa

1981, la foto de navidad

Las honras fúnebres serán mañana martes. Oportunamente, continuaré escribiendo sobre su vida y sobre su legado, del cual me siento orgulloso.

Nota sobre la foto: Mi padre, Salvador Jorge Blanco, en uno de sus momentos estelares de su carrera política, al lado de José Francisco Peña Gómez, durante la manifestación en 1982 en el Estadio Quisqueya, en Santo Domingo. Ambos, desde ayer, se han reencontrado.

1981, la foto de navidad

24 Dic


Esta fue la foto de familia que como candidato presidencial del Partido Revolucionario Dominicano, Salvador Jorge Blanco, mi padre distribuyó en la navidad de 1981 en miles de postales en todo el territorio nacional. Han transcurrido 29 años desde que nos tomamos esa foto, y todavía cuando visito hogares en nuestro querido país hay dominicanas y dominicanos que la conservan como recuerdo. Esa foto fue tomada en el patio de la casa, en la terraza. El verde de la enredadera con sus flores blancas y el color negro de la puerta de hierro son inconfundibles. Mi padre con su tradicional traje de mil rayas y su sonrisa característica, mi madre muy elegante como siempre, mi hermana Dilia, entrando a la adolescencia y yo iniciando la secundaria.

Mi familia es la sencillez hecha palabra. He estado, desde entonces, en muchas campañas y he visto muchas fotos similares, pero puedo decir con orgullo que esa fue la primera foto de familia en una campaña electoral. Recordar que para esa época, el presidente Balaguer nunca tuvo familia conocida, y la familia del presidente Antonio Guzmán estaba integrada por hijos adultos. Es decir, esta foto colocó a la familia en el centro de la política. Hay un antes y un después a partir de esta foto.

Esta es mi primera navidad en condiciones excepcionales. Mi madre no estará con nosotros, como ha sido en los últimos tres años. Mi padre cumple hoy 35 días en estado de coma, luchando por vivir. Hoy estaré a su lado, escuchando música clásica, leyendole algunas páginas de la última novela que estaba leyendo el día antes de su caída, contándole sobre las actividades de la familia, hablándole de los proyectos del próximo año, y lógicamente, resultará inevitable traer a la memoria los recuerdos de su vida. Feliz navidad.

1988, mi defensa

20 Dic


Tengo en la memoria la imagen de mi padre, escribiendo en una libreta amarilla, y mi madre digitando en su computadora Mac, el contenido de probablemente el documento más importante que mi padre haya escrito en su vida, el cual tituló “Mi Defensa”, y que fue publicado, in-extenso, el jueves de 6 de octubre de 1988, en el periódico HOY.

Fueron largas jornadas de ese verano de 1988, en Atlanta, en donde mi padre estaba siendo tratado por problemas cardíacos. A Atlanta llegamos aquel 14 de mayo de 1987, luego de que el gobierno dominicano excarcelara a mi padre por los quebrantos de salud, y después de transitar por el calvario de pasar varios días en la Embajada de Venezuela en Santo Domingo, y otros días más en la Clínica Gómez Patiño. Oportunamente me referiré a estos hechos.

Lo que siempre estuvo claro en mi padre fue que, una vez concluido su tratamiento, regresaría a Santo Domingo a defenderse de las acusaciones y de las persecuciones. En esto, recibió todo nuestro apoyo, conscientes todos de lo que sucedería y de las vejaciones y humillaciones que sufriría. El honor y la dignidad están por encima de todo.

Formamos un equipo de trabajo. Mi padre escribía. Dilia y yo organizábamos el material de apoyo. Mi madre digitaba, y ocasionalmente, yo. Fueron días interminables. El documento estuvo listo el día 18 de julio de 1988. Tenía 245 páginas, con un análisis demoledor de cada una de las acusaciones que injustamente le hicieron a mi padre. Luego se tomó la decisión de esperar que llegara el momento de su publicación, que se hizo en ocubre de 1988. Mi padre regresó, junto con nosotros, a Santo Domingo a principios de diciembre de 1988. Él fue reingresado a la cárcel.

Como he dicho en otras ocasiones, muy pocos hicieron caso a “Mi Defensa”, y le prestaron escasa atención. No había oídos. Al contrario, la audiencia prestaba atención al circo, a la infamia, a las acusaciones, a la inventiva, a la injuria. Sin embargo, mi padre quizo cumplir y tener la tranquilidad en su conciencia de que había expuesto su caso, nuestro caso.

En su última página, mi padre expresa:

“Inútil sería que los tribunales conociésen la verdad si no tienen la firmeza de defender la Justicia por encima de todos los prejuicios y de todas las presiones políticas o las ocultas, que se mueven como insoslayables que jamás podrían ocultarse ante los ojos de los pueblos”.

“En esta Magistratura contemplo esas excelsas virtudes: La Verdad que sacia el conocimiento y la Justicia que apaga la sed de los justiciables. La presunción de inocencia que enriquece el juicio penal, haciéndolo más humano, es la razón desnuda de los sufrimientos del hombre y su reencuentro con la pureza de sus acciones”.

“En vuestras manos esta mi vida que es también mi toga en mi noble y honesta lucha en los tribunales, en mi vida ciudadana y al frente de los destinos públicos. Me confundo con ella y me abrazo a ella con toda la fuerza que da la inocencia”.

“Me inclino reverente ante este Tribunal, que no es fuero político sino penal”.

“Por eso espero vehemente mi absolución total”.

Palabras que, las leo una y otra vez, y tocan mi corazón. Mi padre fue condenado en primera instancia en el 1991. Diez años después, en apelación, y ya sin la pasión política, mi padre fue absuelto y descargado por no haber cometido ninguno de los hechos que le imputaban.

“Mi defensa” es el retrato hablado de mi padre, Salvador Jorge Blanco, quien hoy cumple 31 días en estado de coma profundo, luchando por vivir, en paz.