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Arturo Valenzuela y la crisis de Honduras

10 Nov

La solución de la crisis de Honduras se trasladó a donde temía que llegaría: El Congreso de los Estados Unidos. Desde hace varios meses, el Senado tenía bloqueado la confirmación de Arturo Valenzuela como nuevo Sub Secretario de Estado para el Hemisferio Occidental (que es lo mismo decir, que para América Latina), en sustitución de Thomas Shannon. El pasado viernes 6 de noviembre, el Senado confirmó el nombramiento de Valenzuela.

Una noticia que debió pasar como algo rutinario. Sin embargo, lo sorprendente, si es que todavía con la crisis de Honduras hay espacio para las sorpresas, es que, para aprobar el nombramiento de Valenzuela, la Casa Blanca pactó con el Senado, lo siguiente, al decir del Senador Jim DeMint, quien tenía paralizada la votación:

“La Secretaria de Estado Hillary Clinton y el vicesecretario para América Latina Thomas Shannon, me han garantizado que Estados Unidos reconocerá el resultado de las elecciones hondureñas, haya sido restituido o no Manuel Zelaya”.

De manera que, al estilo norteamericano, la crisis hondureña se solucionará con la celebración de las elecciones del 29 de noviembre, independientemente de que Manuel Zelaya sea o no restituido como Presidente Constitucional de Honduras. Esta declaración, sin lugar a dudas, deja muy claro las complicidades que ha habido en este caso que lacera a la democracia latinoamericana. No me opongo a que Honduras celebre sus elecciones, y que espero que sean libres y democráticas, pero a Honduras le tomará tiempo curar estas heridas.

Esto ocurre en momentos en que el presidente Lula afirma que Obama no presta atención a Latinoamérica, declaraciones con las que estoy de acuerdo en el sentido de que la concentración de Estados Unidos en las guerras de Irak y Afganistán han reducido considerablemente la colaboración con América Latina, con las excepciones de la crisis de Honduras y las bases militares en Colombia, dos temas muy delicados y complejos.

Quienes siguen la política internacional, les recomiendo anotar la sustitución de Thomas Shannon por Arturo Valenzuela. Este nombre lo veremos, leeremos y escucharemos muchas veces en el actual período de Obama. Y finalmente, Shannon no se irá para su casa, pues ha sido nombrado Embajador de Estados Unidos en Brasil, pendiente de confirmación en el Senado de Estados Unidos.

Porfirio Lobo, el otro "dealbreaker" en Honduras

1 Nov

Mi apunte de ayer fue sobre el papel protagónico de Thomas Shannon en el acuerdo para resolver la crisis política en Honduras. Hoy, El País revela más detalles del acuerdo, especialmente la conversación privada entre Shannon y Porfirio Lobo, el actual Candidato Presidencial del Partido Nacional de Honduras, y quien tiene todas las probabilidades de ser el próximo Presidente de Honduras en las elecciones del 29 de noviembre.

En síntesis, cuando Shannon aseguró el acuerdo entre Micheletti y Zelaya, le faltaba un eslabón, y era asegurarse que el Congreso Nacional de Honduras aprobara el acuerdo, consciente de que dentro del Partido Liberal de Honduras, hay una fuerte división entre Micheletti y Zelaya. ¿Qué hizo Shannon? Se aseguró los votos del principal partido de oposición, el del Partido Nacional de Honduras, que lidera Porfirio Lobo. Las matemáticas son simples: El Congreso de Honduras tiene 128 diputados, de los cuales 54 son del Partido Nacional. Por su parte, el Partido Liberal tiene 62, de los cuales 20 responden a Zelaya. Los 54 votos de Lobo más los 20 de Zelaya aseguran el acuerdo.

Lobo, según relata la crónica, solo pidió una condición: Que el 29 de noviembre se celebren las elecciones presidenciales, lo cual fue aceptado por Shannon.

Veremos ahora cómo efectivamente se convertirá en realidad este acuerdo, que, como dije ayer, si bien ha servido para que Honduras retome el camino de la democracia, no menos cierto es que deja muy mal parada a la Organización de Estados de Americanos, y al sistema democrático interamericano.

Thomas Shannon, el "dealbreaker" en Honduras

31 Oct

La noticia caminó por todo el mundo ayer: La crisis de Honduras ha llegado a su fin, con la firma de un acuerdo entre el presidente de facto, Roberto Micheletti, y el presidente depuesto, Manuel Zelaya, para que sea el Congreso de Honduras el que decida el retorno del presidente Zelaya. Lo que han ocultado parcialmente las noticias, es que el verdadero ganador de esta crisis, y duele decirlo, ha sido reconfirmar el poder y la influencia de Estados Unidos de América en este conflicto, revelando la incapacidad de la Organización de Estados Americanos (OEA) en haber buscado una solución, según las reglas que norman la Carta Democrática.

Desde esta isla del Caribe, que tenemos la experiencia de haber sufrido dos intervenciones norteamericanas, particularmente la última en 1965, tenemos suficiente calidad para lamentar cómo se ha solucionado esta crisis, aún cuando nos alegramos de que se retome el camino de la democracia en Honduras. Ante el fracaso de la OEA, fue la misión que presidió Thomas Shannon, Sub Secretario de Estado de Estados Unidos de América para Asuntos del Hemisferio Occidental, la que logró el acuerdo.

Shannon fue el dealbreaker. Y a diferencia de cómo era en los sesenta, lo hizo con mucha elegancia, al expresar:

“Quiero subrayar que la ayuda internacional creó un contexto, pero el trabajo fue un trabajo hondureño y yo quiero demostrar mi admiración por la vocación democrática de este pueblo. Quiero garantizar que Estados Unidos acompañará a Honduras en sus elecciones del 29 de noviembre”.

¿Cómo es el proceso para que el gobierno americano tome una decisión de esta magnitud? Hay muchos ejemplos, pero les invito a que vean la película Thirteen days, sobre la crisis de los misiles cubanos en 1962. Así mismo, y claro guardando las distancias, es que se toman las decisiones. Largas reuniones en el “Situation Room” de la Casa Blanca, entre el Departamento de Estado, el Departamento de Defensa y el Asesor de Seguridad Nacional del Presidente de Estados Unidos, en consultas con los organismos de inteligencia. Y al final, la decisión termina en el escritorio de la Sala Oval.

Volviendo al caso hondureño, oportuno es resaltar que el acuerdo demuestra la volatilidad de la clase política de ese país. El mismo Congreso que derrocó, a casi unanimidad, a Manuel Zelaya, es el mismo que decidirá su reposición. Claro, hay que reconocer que ante la incapacidad de la comunidad internacional, y ante el agotamiento de las negociaciones, no quedó más remedio que esta acción de la diplomacia norteamericana. Lo triste es que la solución le quita mucha fuerza moral al interés latinoamericano de tener una política distinta ante Estados Unidos de América, de menos dependencia.

Lo importante es que Honduras, habiendo aprendido estas lecciones, retome el camino de la democracia y del progreso, y que obviamente celebre elecciones libres el 29 de noviembre.