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‘Cuidado, las dictaduras pueden volver’

24 Oct

 

Túnez celebró ayer sus primeras elecciones libres en 55 años. Como parte de la campaña para incentivar a los electores a votar, una organización colocó una foto gigante del exdictador Ben Alí, despertando el asombro, el miedo y el temor de que el dictador pudiese regresar. El impacto fue evidente y rápido: Los ciudadanos se aglomeraron frente a la foto, y la despegaron. Para su sorpresa, había este letrero oculto: Cuidado. Las dictaduras pueden volver. Vota el 23 de octubre. Genial.

 

Aires de democracia

29 Ene

Viendo y leyendo sobre las protestas en Túnez, Egipto y Yemen, hay que concluir que la libertad, tan encadenada por tantos años de dictadura, está andando por los calles. Ya en América Latina, hemos transitado ese camino. Solo desear que nuestros hermanos árabes también puedan cruzar los ríos y respirar aires de democracia. Les dejo con dos maestros, Bruce Springsteen y Sting, con esta canción, The River:

Ben Alí, la caída del dictador

16 Ene


Hasta el día 14 de enero de 2011, Túnez solo había tenido dos presidentes desde su independencia de Francia en 1956. Es decir, en 55 años, solo dos gobernantes, ambos de mano dura: Habib Bourguiba, que gobernó desde 1957 hasta 1987; y su sucesor, quien fue su primer ministro, Zine El Abidine Ben Alí, que gobernó desde 1987 hasta hace dos días. Un dictador, disfrazado de una constitución que justificaba una supuesta democracia en letras, pero no en la realidad. Solo ver que Ben Alí supuestamente ganó su primer período presidencial en el 1989 con el 99.21% de los votos a su favor; su primera reelección, en 1994, con el 99.91% de los votos a su favor; y su segunda reelección, en 2009, con el 89.62% de los votos a su favor. Con una popularidad de esa magnitud, resulta difícil comprender su estrepitosa caída, en la primera rebelión popular que acontece en una nación del mundo árabe.

La explicación es muy simple. Todo era una farsa. Sin oposición, y con mano de hierro, nadie se atrevía a enfrentar al dictador, a pesar de su mala política. Hasta que la gente se cansó de la impunidad, la corrupción y los irritantes privilegios. El haber tocado el estómago de sus ciudadanos, con medidas impopulares, encendió la chispa que terminó con su caída, a pesar de un discurso conciliador de último minuto que no tuvo ningún impacto.

Tras salir en un avión militar, y comenzar a dar vueltas en el aire, luego de que Francia, su antiguo colonizador, rechazara su petición de refugio, fue aceptado finalmente por Arabia Saudita, en donde estará «por un período de tiempo indeterminado». Salió como han salido casi todos los dictadores, por la puerta trasera, sin los honores y el lujo que siempre exigió.

Una lección para el resto de los países árabes que curiosamente todos vinculan directamente a la religión islámica con el poder político. Túnez era la excepción. Ben Alí nunca tuvo ningún título religioso, ni tampoco permitió que los movimientos fundamentalistas relacionados con el islám tuvieran participación en el gobierno. De haberlo hecho, quizás otra hubiese sido la historia. Afortunadamente no fue así, y es que cuando los pueblos toman una decisión, no hay fuerza humana que los detenga.